El Bunker de Lujo de Silvano en #Michoacán VIDEO

Michoacán.- Un pasadizo oculto, blindaje antibalas, atención de personal de servicio las 24 horas. Así es el búnker secreto de 120 metros cuadrados en el que vivió durante seis años Silvano Aureoles, exgobernador de Michoacán, uno de los Estados más violentos de México. Aureoles, que también fue diputado y senador federal, denunció hace unos meses que miembros del narcotráfico idearon en 2011 un plan para asesinarlo. “México se encamina a pasos agigantados, si no detenemos esto, a ser un narcoestado”, dijo el exgobernador en una entrevista en julio pasado.

El búnker ha salido a la luz después de que el Gobierno de su sucesor, Alfredo Ramírez, abriera la puerta a varios medios de comunicación esta semana. Ramírez pertenece a Morena, la plataforma del presidente Andrés Manuel López Obrador. Aureoles, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), acusó que los comicios que celebró Michoacán a mediados de este año estuvieron bajo injerencia directa de los grupos de la delincuencia organizada y tuvo múltiples roces con la Administración de López Obrador. “Es muy claro el mapa del corredor del narco. Todos los ganan ellos. El crimen organizado está usando a Morena como instrumento para acceder al control del Estado”, aseguró a este diario. Sus dichos, sin embargo, no han sido comprobados.


La residencia de Aureoles, que gobernó desde 2015 hasta el pasado 30 de septiembre, es parte de una lujosa casa que ha acogido a diez gobernadores y sus familias. La parte que utilizó el político del PRD era conocida entre los trabajadores de servicio como el búnker por sus medidas de seguridad, cita la agencia Efe. Se componía de tres secciones. La primera tenía una sala y una habitación donde dormía el gobernador, separados por un muro de piedra.

“Frente al espacio que ocuparía la cama del mandatario, se ubica un mueble de madera, el cual cuenta con un mecanismo electrónico para abrir el acceso a un pasadizo secreto, cuya salida está protegida con otra puerta blindada, cercana a los helipuertos oficiales”, dice Efe sobre la supuesta ruta de escape de Aureoles. El área privada de la residencia tenía tres helipuertos, dos piscinas, dos comedores, tres jacuzzis, 10 baños, un gimnasio y canchas de tenis y baloncesto, describe la agencia en un reportaje. El área pública tenía cuatro salones para actos protocolarios y oficinas ocupadas por el gobernador y el personal administrativo.

 
“Bajo los principios de austeridad republicana he decidido no vivir en Casa de Gobierno”, dijo Ramírez esta semana. “Ya se acabaron los tiempos de los lujos, venimos a trabajar con honestidad”, agregó el actual gobernador. El inmueble ubicado en Morelia, la capital del Estado, estará abierto al público, en un esquema similar al que adoptó López Obrador con Los Pinos, la antigua residencia oficial de los expresidentes mexicanos.

Aureoles, su rival político, no se ha pronunciado tras la decisión de la nueva Administración de abrir las puertas de su antigua casa. “Quiero informarles que los próximos días los dedicaré a estar en familia”, publicó el exgobernador en sus redes sociales el pasado 1 de octubre. “Por tanto, en las próximas semanas disminuirá mi presencia en la vida pública”, agregó el exfuncionario, que dejó en el aire sus próximos planes políticos.


Michoacán ha sido arrasado por la violencia del narcotráfico en las últimas dos décadas. El Estado ha sido un bastión clave de carteles como la Familia Michoacana y los Caballeros Templarios. La guerra del Gobierno mexicano contra el crimen organizado ha pulverizado las facciones que allí operan y ha fracasado en frenar el espiral de inseguridad que sufren sus habitantes. En los últimos años, el Cartel Jalisco Nueva Generación, que compite con el Cartel de Sinaloa como el grupo más poderoso del país, se ha asentado, aunque la Fiscalía General de la República ha identificado este año a al menos nueve organizaciones distintas.

El Estado tiene una localización estratégica en la ruta de producción y tráfico de drogas. Al trasiego de las sustancias tradicionales, como la marihuana y la cocaína, se ha sumado el comercio de opioides sintéticos como el fentanilo. Michoacán está muy cerca del puerto de Manzanillo, en la vecina entidad de Colima, una de las principales puertas del país hacia el Pacífico y a Asia, donde los carteles adquieren los precursores químicos para fabricar las drogas y después llevarlas a Estados Unidos.


Este último año, las imágenes de tiroteos y narcoviolencia que llegaron desde Aguililla, un pequeño municipio de 15.000 habitantes, cimbraron al país, en una localidad completamente dominada por el crimen organizado y aislada por bloqueos impuestos por los carteles de todos los caminos que la comunicaban. Aureoles viajó a Aguililla para atender personalmente una situación crítica, pero es recordado como uno de los mayores fracasos de su mandato de seis años. “El Gobierno federal no mueve un dedo”, acusó el exgobernador a mediados de año.

A principios de noviembre, una masacre en Tangamandapio se saldó con 11 personas muertas, seis de ellas menores de edad. Michoacán abrió más de 1.600 carpetas de investigación por homicidio doloso en los últimos nueve meses de Aureoles, lo que lo convierte en el cuarto Estado con más asesinatos este año, solo detrás de Guanajuato, Baja California y el Estado de México.
 






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