#Coahuila Firulais Aún Espera a que Leopoldo Salga

Coahuila.- En el accidente ocurrido en una mina ubicada en Muzquiz, Coahuila, hubo mucha gente en días pasados apoyando en las labores de rescate, donde desgraciadamente perdieron la vida siete mineros y después de varios días lograron rescatar sus cuerpos.

Ahora ya se fueron todas las personas, pero este perrito no entiende que su amigo humano identificado como Leopoldo Méndez falleció y él sigue esperando que salga de la mina

La tierra que lo vio nacer, también fue testigo de su último aliento. José Leopoldo Méndez Sánchez, originario de la comunidad de Rancherías, a lo largo de su vida de 32 años logró cosechar muchas amistades, dejando huella profunda en todos quienes lo conocieron. Trabajador en la mina de carbón Micarán, en el municipio de Múzquiz, Coahuila, sus familiares, sus amigos, su esposa, hoy saben que él ya no regresará con vida a casa.

Sin embargo, uno de sus más entrañables amigos sigue al pie de mina esperando su regreso, su perrito, su fiel compañero, sigue esperando que él vuelva, para así retomar los juegos y todas las aventuras que vivieron mientras estuvieron juntos.

Compañero inseparable en muchos momentos de su vida, este criollo con rasgos de pastor alemán color café, tiene alrededor de cinco años de edad. De hocico largo y una mirada intensa y penetrante, sostuvo una relación de amistad muy importante, tal y como lo señalan familiares de Polo.

 
“Leopoldo en vida era tranquilo y no se metía con nadie. Era a todo dar”, comparte con tristeza su amigo José Santos Contreras, quien además ayudó a sacar a muchos de sus compañeros atrapados en esta mina.

Se dice que mientras se realizaban estas labores de rescate, este perro rondaba el complejo minero en búsqueda de su amo. Días y noches pasaron. Incluso luego del momento en que se localizó a Leopoldo, la fiel mascota llega a la entrada de la mina esperando que el momento de ver a su amo salir de la misma.

Quizás con tan sólo ver una silueta, percibir un aroma, escuchar un silbido o una voz y sentir una caricia, hubiera sido suficiente para volver a ladrar y brincar de gusto al estar junto a su amo. Los demás ya saben que no regresará, pero no esté perrito. Al menos, Leopoldo debe tener la seguridad, que en este perro, tendrá siempre a un amigo que al paso del tiempo lo estará esperando.
 
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