#España Fidel y El Mono Muñoz The Cartel Project

Cuando Regina Martínez, reportera del semanario mexicano Proceso, yació muerta en 2012 en el baño de su casa, el entorno de esta periodista de investigación de 48 años reveló que indagaba una delicada historia de corrupción. Una presunta mina informativa cuya metralla apuntaba, entre otros, al exgobernador de Veracruz Fidel Herrera, del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Tres años después del asesinato, Herrera se esfumó del tablero político. Pese a carecer de bagaje diplomático, Enrique Peña Nieto nombró al mandatario cónsul de México en Barcelona, una de las plazas con más peso. Y ya fuera de foco, Herrera enfiló en la ciudad condal una de sus etapas vitales más herméticas y desconocidas. Una odisea que se desarrolló entre 2015 y 2017.

Desde su aterrizaje en España, Herrera fue monitorizado por la DEA y los Mossos d’Esquadra, la policía autonómica de Cataluña. El motivo: su presunta conexión con el narco, según The Cartel Project, una investigación de Forbidden Stories, donde ha participado EL PAÍS con más de 25 medios como The Washington Post, The Guardian, Le Monde o OCCRP.

La fase de acumulación de pruebas arrancó después de que los Mossos d’Esquadra recibieran informes confidenciales que conectaban al político con los cárteles de la droga. Los investigadores quisieron entonces zambullirse en la vida del nuevo cónsul. Un mandatario que figuró en 2013 en la lista Forbes de los 10 políticos más corruptos de México. Y que, ese mismo año, también fue señalado en un juicio en Texas (EE. UU.) por el contable del cartel de los Golfos, José Carlos Hinojosa, por recibir supuestamente 12 millones de dólares del narco para la campaña que le catapultó al Gobierno del Estado de Veracruz, uno de los más violentos y endeudados.

 
“A los servicios de inteligencia criminal de los Mossos llegaron informaciones sobre cómo el cónsul de México podía estar relacionado con redes de blanqueo y grupos de importantes narcos de Cataluña”, indica Antoni Rodríguez, responsable de la División de Investigación Criminal de los Mossos.

Los agentes catalanes descubrieron que el cónsul compatibilizaba la misión diplomática con relaciones poco recomendables. Y recogieron en un diagrama sus tóxicas conexiones. El responsable de los Mossos Rodríguez acreditó vínculos entre Herrera y Simón Montero Jodorovich, miembro de una célebre estirpe de narcos originaria de Centroeuropa que se asentó en Cataluña en los años 30 y que está siendo investigado por tráfico de drogas, blanqueo y tenencia ilícita de armas.

Los Mossos también detectaron una estrecha relación de Herrera con el empresario mexicano Bernardo Domínguez Cereceres, propietario del grupo editorial Malpaso y socio de Jordi Pujol Ferrusola, el mayor de los siete hijos del expresidente catalán Jordi Pujol. Arrestado en 2018, Domínguez Cereceres está investigado por blanquear presuntamente fondos para la saga del exdirigente catalán.

“Fidel Herrera y mi editorial no tienen ninguna relación”, contesta Domínguez Cereceres, que admite que conoce al dirigente porque “comía y cenaba con él cada dos o tres meses” durante su etapa de Barcelona. Añade que Herrera asistió a su boda en 2016.

 
El diagrama de tentáculos tóxicos de los Mossos ligaba también a Herrera con el narco mexicano Juan Manuel Muñoz Luévano, alias Mono Muñoz, presunto enlace en Europa del cartel de los Zetas que fue arrestado en Madrid en 2016 por blanqueo y narcotráfico.

El nexo Herrera-Mono se fraguó, según los investigadores catalanes, a través de Humberto Moreira, expresidente del PRI detenido también en Madrid en 2016 por su conexión con los Zetas.

Jordi Segarra, un consultor político andorrano investigado por blanqueo en México por sus campañas para un partido aliado con el PRI en Coahuila, el Estado de México y Nayarit, planeaba también en el diagrama de los Mossos como “colaborador” de Herrera en Barcelona. “Solo vi a Herrera en dos cenas. No tuve ninguna relación más. Le conozco como a muchos políticos mexicanos”, zanja Segarra.

Los Mossos no pudieron convertir los indicios contra Herrera en una causa judicializada. No les dio tiempo. El priista renunció en enero de 2017 a su puesto como cónsul de México en Barcelona. El detonante fue el estallido de un escándalo que le vinculaba con la compra de material sanitario y medicinas falsas para tratar el cáncer durante su etapa como gobernador del Estado de Veracruz (2004-2010).

Junto al radar de los Mossos, EE. UU. también siguió de cerca los movimientos de Herrera. Altos funcionarios policiales estadounidenses monitorizaron los pasos en México, España y EE. UU. del cónsul en Barcelona. “A Herrera siempre le gustó el soborno”, explica un alto oficial de la DEA. Esta fuente vincula al dirigente con intereses en el universo de las carreras de caballos y en los sectores petrolíferos y minero. Y no confirma –como es norma en la DEA- si la agencia investiga hoy a Herrera.

 
“Todo el mundo en la sede de la PGR en España sabía que Herrera era un corrupto, el más corrupto. Tenía muy mala reputación. Sin embargo, no se le investigó [durante su mandato como cónsul en Barcelona]”, abunda un fiscal de la PGR en España, donde radica el cuartel general de la fiscalía mexicana en Europa.

La curiosidad por adentrarse en los manejos de Herrera en Barcelona empujó al Ayuntamiento de la ciudad condal a encargar en marzo de 2018, un año después de que el dirigente partiera de España, un informe sobre el controvertido cónsul. El documento censuraba la designación del mandatario mexicano, abogado de formación y sin experiencia diplomática. “Su nombramiento fue rápido, sin recibir la aprobación del Senado de México”, recoge el informe. Una tesis que también sostiene una fuente de la embajada mexicana en España. “El nombramiento de Herrera como cónsul en Barcelona fue orden directa de Peña Nieto, de Los Pinos [sede del palacio presidencial]. No hay nada de esa orden por escrito, se hizo verbalmente…”

Como los Mossos d’Esquadra, las pesquisas del Consistorio conectaban al diplomático con el blanqueador de la familia Pujol, Domínguez Cereceres, su editorial, Malpaso y el restaurante mexicano de Barcelona Bésame Mucho.

La investigación municipal, además, desempolvaba la ligazón de Herrera con el narco.

 
La conexión con el narco

“Los Zetas llamaron a Herrera Zeta 1 porque dirigía el Estado [de Veracruz]”, dice Arturo Fontes, un exagente del FBI que investigo los cárteles en México y Colombia. “El exgobernador recibió millones de dólares a través de enlaces para que los cárteles operaran con impunidad”, añade este exinvestigador, hoy al frente de la firma de seguridad privada Fontes International Solutions.

Jorge Rebolledo, consultor de seguridad con más de una década de experiencia en Veracruz, explica así la vidriosa relación del dirigente con el crimen: “Herrera dejó [al cartel de los Zetas] hacer negocios y se benefició económicamente de su presencia”. Afectado por un derrame cerebral, Herrera, de 71 años, siempre ha negado las acusaciones. Su hijo Javier dice hoy a través de Twitter que su padre está demasiado débil para responder a las preguntas.
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