NarcoDespensas; Una Historia de la Familia Michoacana

Esta historia empezó el sábado pasado, cuando un MD llegó a mi cuenta de Twitter Parecía una cuenta falsa: el perfil era una sopa de letras y números con la imagen de un arma. Muchas veces son bots que ladran amenazas de muerte y nunca muerden.

Pero este era diferente.

Me habló de usted y me envió el enlace a la #NaciónCriminal que había publicado tres días antes: la historia en el mundo, y en México, de las falsas ayudas del crimen organizado a los damnificados del #COVID19, desde préstamos hasta las narcodespensas.

 
 
 
Luego se presentó como repartidor de despensas de La Familia Michoacana y dijo que quería explicarse: no entendía por qué la gente lo criticaba en lugar de aplaudirle. 
 




 
La posibilidad de la historia me enganchó.
 
Le respondí que quería hablar con él, pero que necesitaría pruebas de sus dichos. Algo que me indicara que pertenecía a un grupo criminal.

Prometió que la evidencia me llegaría más tarde.

Al día siguiente, domingo, llegó otro mensaje de esa cuenta de apenas 22 tuits.
 
“¿Qué día del mes es hoy?”, preguntó. Enseguida envió tres imágenes en las que se ve una bolsa de plástico transparente con víveres baratos y con un volante con la misma tipografía de las narcodespensas que La Familia Michoacana había distribuido la semana pasada por Edomex.

La bolsa con aceite, cloro, jabón, y más, estaba rodeada por paquetes de marihuana sellados al vacío, como la empaquetan los narcos que quieren engañar a los perros antinarcóticos.
 

Y todo lo coronaba una hoja de cuaderno con la fecha del día: 19 de abril de 2020.
“Acabo de tomar esas fotos con la mota que voy a mover. Y en mi camioneta traigo 5 kilos más. Pero si quieres más pruebas, mañana te mando foto de una cabeza”, me escribió.

Sentí un calambre, pero acepté hablar con él.

Me pidió que lo llamara Daniel, como el profeta. Dijo tener 22 años y su ocupación es ser malandro por Tierra Caliente en la frontera del Estado de México y Michoacán.
 
 
También dijo estar frustrado: ¿por qué el país no los consideraba héroes por dar despensas a los más pobres?

Su manera de ver la vida explica por qué ha permeado la narrativa del narco bueno que salva a comunidades indefensas.

Para Daniel, el gobierno es tan criminal como sus jefes, pero al menos la Familia Michoacana cuando roba, reparte. Por eso hace seis meses trabaja con ellos.
 
Según él, el cártel está haciendo el trabajo en la calle que las autoridades no hacen, es decir, atrapar ladrones y violadores y cuidar el estómago de los pueblos.

A cambio, La FM cobra una cuota para patrullar y vigilar que "otros malos" no lleguen al pueblo, como el #CJNG.

“Nosotros cuidamos a la gente. Ve las despensas”, me escribe.
 
“¿Cuánto cuesta cada una?”, le pregunto.
 
 
Daniel calcula que unos 150 pesos.

La semana pasada, su grupo al servicio de un capo apodado “El Pez” entregó 100 en una noche, es decir, gastaron unos 15 mil pesos.

Le respondo que la despensa no es un regalo, sino una pequeñísima devolución de todo lo que han cobrado, a la mala, con extorsiones y secuestros.

“Por esa despensa, esa gente ya les debe hasta la vida”, insisto.

 
 
 
 
Daniel contraataca y se aferra a que la gente los quiere, que los colma de bendiciones y que ya han recibido invitaciones de meterse hasta Tecámac.

Yo respondo que no les quieren: les temen

“¿Y si uno de los que les recibió la despensa, un día los denuncia?”, insisto. Tras 10 minutos de inactividad me llega un gélido mensaje:

“Le damos piso (lo matamos) por malagradecido”.
 
Daniel sigue así por 20 minutos: jura que La Familia Michoacana hace bien, que paga uniformes escolares, pinta iglesias y mete gente a sus casas para evitar que se propague el COVID19.

“¿Y qué te dan a cambio de tanta lealtad? ¿Cuánto cobras por entregar despensas?”, pregunto.

Daniel cuenta que le dan 200 pesos la noche y toda la marihuana que pueda fumar; no lo hace por dinero, sino por ayudar a los demás.

“¿Y se podría ayudar al pueblo sin matar y sin extorsionar?”, le cuestiono.

“No, porque entonces ¿de dónde sale el dinero para ayudarlos?”.

Daniel está convencido de que la personas a quienes él entregó galletas baratas aquella noche se fueron a dormir agradecidos.
 
 
“¿Son un mal necesario?”, pregunto.

Su respuesta es un curso completo de Introducción al Narcotráfico en México:

“Si lo quieres ver así está bien. Yo te digo que si al pueblo lo hacen elegir entre los políticos y nosotros… la gente se va con nosotros”.

(Y tiene razón: miren los comentarios a la publicación en Facebook sobre las narcodespensas de La Familia Michoacana en Tierra Caliente).

“Si lo quieres ver así está bien. Yo te digo que si al pueblo lo hacen elegir entre los políticos y nosotros… la gente se va con nosotros”.
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