La macabra RED DE SECUESTRO y extorsión donde participan policías e integrantes de CEAV; “federales entraron al hotel que la Comisión me asignó y me pidieron el dinero de reparación del que no tenía conocimiento”



Revolución TRESPUNTOCERO).- Hace poco más de tres semanas, Diana Sánchez se enteró que Javier Arturo, su hermano, quien desapareció en 2008, fue localizado en 2010 durante una masacre en Tamaulipas. Su cuerpo estaba apilado con otros cadáveres, que fueron trasladados a la Ciudad de México aquel año. 

Una fotografía de la masacre ayudó a Diana a identificar a Javier. De acuerdo a la información proporcionada por el Ministerio Público, el cuerpo sí está en la Ciudad de México, pero se desconoce en cuál de los Semefos de la capital y existen posibilidades que el cuerpo haya sido inhumado sin tomar una muestra de ADN, de ser el caso la localización se complicaría aún más. La explicación que le han dado las autoridades es: “ya pasó mucho tiempo, difícil saber en dónde quedó el cadáver”.

En 2015, un par de días antes de ser secuestrada, Diana conversó con Revolución TRESPUNTOCEROy detalló que distintas versiones giraron en torno a la desaparición forzada de Javier Arturo, sin embargo ninguna de éstas había sido investigada a profundidad por las autoridades. “La peor lucha la he tenido con el Estado, quien después de siete años, no ha otorgado justicia”, expresó.

En 2008, Javier salió de su domicilio en compañía de un grupo de amigos a quienes conocía desde hacía poco más de 40 años, incluso uno de ellos tenía acceso a las cuentas bancarias familiares, contó Diana. Ellos eran: Andrés Leyton Campos, Renato Hernández del Ángel, Jesús Sigala Blanco y Alejandro Sigala Blanco. 

Todos ellos regresaron a sus hogares, pero Javier jamás lo hizo. “Burdamente ellos dijeron que se ‘había ido de viaje’, cuando solamente habían hecho una salida casual”, explicó Diana. 

La familia de Javier encontró su documentación intacta en su domicilio, incluidas tarjetas de crédito, pasaporte y visa, por lo cual no creyeron la versión del supuesto viaje. El grupo de amigos le entregó a Diana un croquis de la región de Aldama, Tamaulipas, para que buscara ahí a su hermano. Ella fue al sitio mucho tiempo después, “ya que sola era imposible hacerlo”. 

“Cuatro años y medio después un Ministerio Público me acompañó con dos patrullas federales y los peritos, en el recorrido nos emboscó un grupo de aproximadamente 100 personas, pertenecientes al Cártel del Golfo; nos apuntaron con armas largas y lanzagranadas. Fue impactante, sin embargo nos dejaron con vida. Seguimos el recorrido y llegamos a una hacienda de nombre El Gachupín, estaba abandonada. Parecía que se habían llevado de ahí a la gente recientemente.

“Había colchas con mucha sangre y otros objetos que indicaban que mucha gente estuvo ahí y posiblemente sufrieron tortura. Esa misma hacienda tenía una brecha que dirigía a un camino y al final se encontraba una cruz, en una carretera, lo cual tenía mucho significado porque se relacionaba con mi hermano”, explica Diana.

Ella encontró tiempo después una carta de puño y letra de Javier, donde le explicó que desde hacía mucho tiempo lo extorsionaban; que mes a mes llevaba dinero a enterrar en una cruz ‘de un tal Ontiveros’, ubicada en la carretera antigua a Matamoros. 

Lo anterior encajó con lo encontrado por Diana, quien pensó que esa hacienda podría ser uno de los posibles sitios donde estuvo su hermano.

Después de aquella visita, Diana se reunió por primera vez con Jesús Murillo Karam, entonces Procurador General de la República. Esa fue la primera vez que se supo perseguida y vigilada, por lo que le ofrecieron una escolta de la Policía Federal, a partir de ese momento Seido tomó el caso para su investigación.

“Anteriormente estuve casi cuatro años con Províctima, pero ellos no realizaron ningún tipo de acción que beneficiara al caso y a la búsqueda de mi hermano”, aseguró. 

Diana también mencionó que, en Tampico, se encontraron casas de seguridad y en cada una de ellas cadáveres y fosas que no se dieron a conocer. Por lo que llegó a pensar que “en una de esas masacres pudo haber estado el cuerpo de mi hermano”. 

En 2010, aproximadamente ocho cuerpos fueron encontrados apilados en lo que parecía ser la hacienda donde buscó a su hermano (El Gachupín), pero fue hasta este octubre que conoció los hechos. La persona que informó a Diana y de quien se omite su nombre por seguridad, también logró identificar en ese grupo de personas asesinadas al familiar que buscaba.

Le informó a Diana que supuestamente, fue el Ministerio Público Renato Hernández del Ángel -amigo de Javier- quien entregó aquel año a ese grupo de personas al Cártel del Golfo y después aparecieron acribilladas, aunque al no hacerse público el hecho, pasaron ocho años para descubrir en la pila de cuerpos a sus familiares. En 2011, Renato Hernández fue asesinado.

A finales de diciembre del 2015, Diana viajó a la Ciudad de México y a las afueras de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), comenzó una huelga de hambre. “Después de cuatro días, hablaron conmigo y me dijeron que el 22 de diciembre me atenderían los representantes de las áreas de ese organismo, para llegar a un acuerdo pero que por favor levantara la huelga y así lo hice.

“Me prometieron que me llevarían a un hotel para comer y descansar, esto no sucedió hasta después de más de siete horas, ya que quienes estaban encargados de realizar ese trámite, Leslie Vargas y Gerardo Villalvazo de la Subdirección jurídica de la misma Comisión, no lo hicieron y se encargó de esto Jesús Rodríguez Cruz -adjunto de Rubén Vasconcelos, encargado de la CEAV- . Finalmente llegué al hotel Ambassador -ubicado en la zona centro de la Ciudad de México-”.

De las dos escoltas que Diana tenía, uno de ellos fue a descansar y el otro a cenar. Sabiendo que ella se quedaría en el cuarto hasta el día siguiente. Pasada la media noche, ella recibió una llamada telefónica de la administración del hotel.

La voz se identificó como Policía Federal. Le avisó que había “una persona fuertemente armada” dentro del hotel y le advirtió que no saliera de la habitación. Poco después sonó su teléfono celular, se trataba de la misma persona que le pidió que mantuviera el teléfono encendido y escuchara las instrucciones que le daría.

Por debajo de la puerta le entregaron un chip telefónico y le pidieron colocárselo al celular, después exigieron que saliera del hotel, e indicaron que a mano derecha había un taxi esperándola. “Obedecí porque me dijeron que si no lo hacía, entonces ellos entrarían por mí a la habitación”. 

Al salir, Diana no localizó ningún taxi por lo que se atrevió a cruzar la calle. “No te cruces la calle pendeja, regrésate a donde te dije”, le gritó la voz por el teléfono. “Las cosas cambiaron y me pidieron sacar el dinero que me habían enviado mis familiares, ni siquiera yo sabía que lo habían depositado a mi cuenta, cuando ellos ya tenían ese dato”.

Poco después fue trasladada a un hotel, en Isabel la Católica. Le asignaron una habitación y al entrar se dio cuenta, por la televisión encendida y la ropa de cama mal tendida, que alguien había estado o estaba en ese momento ahí. Ella seguía al teléfono con quien le daba instrucciones y le dijo que pronto estarían ahí. 

“Yo los tengo identificados. Yo los vi. Llegaron a la habitación, me pusieron un arma en la cabeza y me hincaron. A las 4 de la madrugada aproximadamente le llamaron a mi esposo para pedirle un rescate de 600 mil pesos. Nosotros hemos acordado que no pagaremos nunca un plagio, porque de todas formas te matan, así que les colgó. 

“A mi esposo también le dijeron que eran de la Policía Federal y que me tenían secuestrada, que les diera el dinero porque si no me iban a enviar en pedacitos en una caja. A las seis de la mañana me dejaron ir, pero me dijeron que estaría siendo vigilada y que el dinero que me iba a entregar CEAV tenía que dárselos a ellos, me sorprendí aún más porque ni siquiera yo sabía que la Comisión me daría dinero y ellos tenían todo el conocimiento”, narró Diana a Revolución TRESPUNTOCERO.

Finalmente Diana volvió al hotel, donde la CEAV la había instalado y horas más tarde, un grupo de policías federales entraron en el hotel, incluidos tres de los que la habían secuestrado horas atrás. Ella aseguró que los pudo identificar. “Estaba sentada en una mesa intentando desayunar, mientras ellos me hicieron de señas que estaban vigilando. Por medio de una nota les dije a mis escoltas que me sacaran de ahí de inmediato”.

Diana fue trasladada a Seido para interponer una denuncia. Ahí le dijeron que posiblemente “solamente se trataba de una extorsión”. Horas más tarde acudió a CEAV y asegura que con el teléfono en altavoz -porque la obligaron a mantenerlo así- los representantes del órgano continuaron la reunión, aún a sabiendas que estaban siendo escuchados. 

El dinero que los elementos le pedían a Diana, señala, era el que CEAV le proporcionaría contemplado como una reparación integral del daño por la desaparición de su hermano. Agregó que las amenazas continuaron por mensajes de texto, que ella ha proporcionado a este medio. 

“Yo siempre he dicho que me mandó a secuestrar la CEAV y no lo voy a dejar de decir. Nadie más sabía que yo estaba en ese hotel. Pero no fui la única, hay once personas más que fueron sacadas de la misma manera. 

“El Doctor Nacif, me dijo a mí que varias víctimas denunciaron estos mismos hechos, no fui la única. Me dijo que, gente de la CEAV tenían una casa de seguridad en la colonia del Valle y que ahí metían a las víctimas para quitarles el dinero que les daban de reparación y ellos se lo quedaban”, expuso Diana.

Además, señaló que en otra ocasión, la hospedaron en el hotel Real del Sur y algunas personas así como personal del lugar, le dijeron que ahí “mataban víctimas”. “Yo le reclamé -por medio de un mensaje que aún tengo como prueba- a CEAV, que por qué me enviaban a un hotel donde mataban víctimas.

“Ellos nos enviaban a hoteles conectados a agencias de viajes y de ahí sacaban a las víctimas. Y a quienes no lograron sacar, me han dicho que están dispuestos a declararlo. Porque es muy delicado esto que está pasando. Ellos se movilizaron y a la CEAV no le quedó de otra que solucionarlo porque era un grupo secuestrado de la misma forma que a mí. En el mismo hotel Ambassador”.

A Diana la secuestraron en diciembre y al grupo en enero. A su llegada, Jaime Rochín prometió ayudar a las familias, pero, agrega Diana, no lo hizo. Como ejemplo, cita el caso de una madre que buscaba a su hijo desaparecido, a quien Rochín prometió proteger “y los dejó solos. Ella tuvo que irse del país”. 

En marzo de 2017, a Diana le quitaron las escoltas de PGR por lo que procedió a interponer un amparo pero no le regresaron la protección. “A mí me trasladaron poco después a la Ciudad de México y regresé a Tamaulipas a penas en mayo pasado. Estuve allá por seguridad, me dijeron. Esto, a raíz del asesinato de Miriam Rodríguez, a quien mataron dentro de su domicilio”.

Diana agregó que, “Miriam tenia que haber estado en la Ciudad de México el 9 de mayo, pero CEAV no le promovió el traslado y un día después la asesinaron”.

A su testimonio, Diana sumó que el mismo día de la muerte de Miriam, horas antes a ella la PGR le llamó en más de veinte ocasiones, pero no pudo responder. Horas más tarde asesinaron a la activista quien buscaba incansablemente justicia para su hija. 

“Estuve más de ocho meses entre un hotel y un departamento, cubriendo mi manutención. La CEAV me trató de la peor de las formas. Me fui de la Ciudad de México porque me citó la Procuraduría de Tamaulipas, y dejé mis documentos en el departamento porque solo viajaría unos cuantos días, pero a raíz de una serie de complicaciones se pospuso mi regreso. 

“Gente de CEAV dio la autorización en agosto pasado para que entraran al departamento y lo saquearan”, le confirmó un alto funcionario de la Secretaria de Gobernación -del cual, por el momento, nos reservamos su identidad-. Cuando ella le informo del saqueo, él investigó y le indicaron que “de ahí había salido la orden”.

Ante esto, el asesor jurídico de Diana, designado por la CEAV exigió que por el daño tenían que pagarle una indemnización y devolverle sus pertenencias. La respuesta llegó la siguiente semana, cuando el abogado fue despedido. 

El septiembre pasado a Diana la citaron las autoridades en la Ciudad de México y antes que ella enviara los documentos correspondientes para dar paso a su traslado, los trámites estaban hechos, sin pedir documento alguno. “Entonces, no hay más que una falsificación de documentos”, señaló. 

“Personal de CEAV -que por seguridad no mencionaré sus nombres, pero los conozco-, hacen que firmes para que se le pague a la agencia y después falsifican tus documentos. Con el objeto de robarnos a las víctimas. Un vuelo podrían cobrarlo hasta en 13 mil pesos, cuando lo más caro y hasta eso en primera clase, es de ocho mil pesos.

“Yo se lo dije a Jaime Rochín e incluso le mostré las pruebas donde habían falsificado documentos míos, esto para usar mi firma para pagar vuelos a las agencias. Recientemente usaron un formato donde venía mi firma, entonces, si ellos quieren pueden colocarme un viaje a China y usar mi firma para pagar a las agencias”, comentó.

Diana viajaría a la Ciudad de México el 5 y 6 de octubre pasado, pero la CEAV le impidió el traslado, comentó. El motivo de su visita a la capital era para iniciar los trámites de búsqueda de su hermano en Semefos, tras saber que su cuerpo fue trasladado en 2010 a la ciudad. 

“CEAV dijo que ellos se encargarían de averiguar si realmente eran los restos de Javier, queriendo impedirme participar de las investigaciones”, explicó. 

Diana, quien es considerada víctima indirecta por la desaparición de su hermano y víctima directa después que Seido reconoció su secuestro, por el cual tiene una denuncia con número de expediente PGR/SEIDO/UEIDMS/869/2013, señaló a este medio que, en un primer momento CEAV obstaculizó el apoyo para trasladarla a la Ciudad de México y buscar a su hermano.

Tras la presión y el apoyo de distintos ciudadanos, finalmente Diana viajó recientemente a la capital del país para contactarse con el Ministerio Público y conocer cómo proceder en la búsqueda del cuerpo de Javier. Lo cual señala, de acuerdo a lo que le comentaron, “será difícil”. 

Diana envió un mensaje a Jaime Rochín: cuando finalmente recupere los restos de su hermano, lo velará a las puertas de la CEAV. “Porque todos estos años estuve buscándolo, sin su ayuda y estuvo tan cerca de mí”. 

Denunció que, pese a que tendría que haber recibido ya un monto de dinero por medidas cautelares, esto no ha pasado. “Cuando estaban por dármelo, se encargaron de que no se llevara a cabo el pago”. 

Ahora Diana, aspira principalmente a que la PGR le pueda indicar a qué Semefo llevaron al grupo de personas asesinadas, incluido su hermano. “No sé si el cuerpo sigue en un Semefo o ya lo enterraron en una fosa común. No es mi problema si en su momento no los identificaron, a mí no me importa si tienen que abrir fosa por fosa, tienen que entregarme los restos de mi hermano”.

Sobre la problemática, el Ministerio Publico de la Fiscalía de Desaparecidos, le dijo a Diana: “Es que ha pasado tanto tiempo ya”. Pero, indica, “si trasladas cuerpos de un estado a la capital, se debería tomar las muestras de ADN, pero es muy posible que no lo hicieran”. 

El Ministerio le dio a entender a Diana que, los cuerpos pudieron ir a una fosa sin ser identificados. “Ahora tendrán que revisar dónde quedó ese paquete de cuerpos y quién sabe cuántos más hay así”, concluyó.
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