Matan al autor de la masacre de Ajoya, El Gato #Sin


Los restos de Ramón Gallardo Campista, alias "El Gato", quien fue asesinado a balazos, fueron encontrados la madrugada de hoy en el entronque de la carretera Internacional México 15 con la carretera que va a Cosalá. "El Gato" es señalado como el responsable de la matanza ocurrida en la comunidad de Ajoya, en San Ignacio, ocurrida el 10 de mayo de 2002, en la cual perdieron la vida 10 civiles y dos agentes de la Policía Estatal Preventiva.

Junto con el cadáver las autoridades encontraron una cartulina en la que dejaron un mensaje acusándolo de secuestrador.
Ramón Gallardo Campista era señalado de liderar una célula criminal que operaba en los municipios de San Ignacio y Cosalá, a la cual se le atribuyen diversos hechos criminales.

El dato
Luego de permanecer prófugo de la justicia por más de 16 años, la madrugada de este viernes fue encontrado ejecutado, con huellas de tortura y con un mensaje escrito en una cartulina, Ramón Gallardo Campista, alias "El Gato", acusado de ser el autor material de la masacre de 12 personas en la comunidad serrana de San Jerónimo de Ajoya, municipio de San Ignacio.
Originario de la comunidad El Caballo de Arriba, San Ignacio, "El Gato" además de la masacre de Ajoya, es acusado de liderar una banda de gatilleros y secuestradores denominada Los Pintos, que tienen su centro de operaciones en la sierra de San Ignacio, Cosalá y Durango, los cuales, según las autoridades, han cometido una larga lista de crímenes en la zona serrana centro-sur del estado.

De acuerdo a los archivos periodísticos y de gobierno, la noche del viernes 10 de mayo del 2002, vecinos de la comunidad de Ajoya se encontraban festejando el Día de las Madres en la plazuela de dicha población, donde se encontraban mujeres, niños, ancianos y jóvenes.

A unos metros de la plaza se encontraba una pequeño cuarto de material acondicionado como base de la Policía Estatal Preventiva, fortalecida con barricadas de costales con arena para cualquier enfrentamiento que se pudiera suscitar, ya que había antecedentes de la incursión de grupos armados que habían asesinado y secuestrado a algunos pobladores.

Entre las 9 y las 10 de la noche la música fue interrumpida por las ráfagas de cuerno de chivo, R-15 y fusiles de asalto ligero conocidos como FAL que portaban los no menos de 25 sujetos armados que ingresaron por los callejones del pueblo provenientes del río.

Los gritos de dolor y pánico acompañados del olor a polvora avisaban de la masacre nunca antes vista en aquel lugar donde 10 pobladores quedaron sin vida y dos agentes de la PEP murieron al enfrentarse a balazos contra los gavilleros en un intento por defender a la población.
 
Más de una docena de sujetos como los autores de la masacre, a la cabeza estaba Ramón Gallardo Campista, presunto líder de la gavilla al que las autoridades relacionaban en aquel entonces con el cartel de Los Arellano Félix.

Después de 16 años, cuatro meses, y 10 días, la madrugada de este viernes en el kilómetro 106 de la carretera México 15, en el municipio de Elota, a la altura del crucero a Cosalá, autoridades encontraron el cadáver ejecutado a balazos de uno de los hombres más buscados por las autoridades de Sinaloa.

Esta vez no fueron los grupos especiales de la Fiscalía, ni el Ejército, mucho menos las policías municipales, los autores de la captura y muerte del temible gato fue un grupo delincuencial que dejó sobre su cadáver un mensaje escrito con un plumón negro escrito en una cartulina de color blanco que decía.

"Por fin cayó Ramón Gallardo alias El Gato, tanto tiempo que anduvimos tras de ti, pero a cada chango se le llega la hora y te toco a ti. Allí está ese secuestrador que tanto daño hizo a la gente." 
 
El dato
La masacre. Les cayeron por sorpresa. Era noche de festejo. Ni se lo esperaban. La tragedia fue grande: 12 muertos en la comunidad de San Jerónimo de Ajoya. Hace 13 años de la masacre. El motivo de la fiesta era la celebración del Día de las Madres.

La noche del viernes los moradores de Ajoya celebraban la tradicional fiesta. Ancianos, mujeres, hombres y niños se dieron cita en la plazuela de la comunidad.

Todo iba bien hasta casi entrada la media noche, cuando empezaron a escucharse unas ráfagas de cuerno de chivo.

Un grupo de armados sorprendió a dos agentes de la patrulla 0082 de la Policía Estatal Preventiva. En esa refriega los agentes Antonio Valenzuela González y Severo Millán Ponce murieron.
Ellos se encontraban resguardando la zona de callejones aledaños al río. Por otra parte del poblado, otro grupo de pistoleros ingresó a la comunidad y  tomaron por sorpresa a los enfiestados a quienes dispararon sin piedad.

Un grupo de estatales que se encontraba dentro de la comandancia no pudo salir, pues estaban flanqueados por tiradores apostados en lo alto de las casas.
Los muertos quedaron regados por la calle principal. Algunos intentaron huir, pero como si fuera una epidemia, los civiles con fusiles AR15 y AK47 les salían al paso para masacrarlos.

Ocho fueron los afortunados en sobrevir a la balacera, pero con secuelas por las heridas de bala que presentaron.

Ayer. A 13 años de la masacre se sabe que los responsables de tal crimen fueron al menos 25 sujetos liderados por Ramón Gallardo Campista, más conocido como “El Gato”, un narcotraficante del cártel de los Arellano Félix, en su momento. 

De la lista de los responsables hay un detenido de nombre Guadalupe Barraza Espinoza, quien huía de sus aberraciones, y los que han muerto son Fermín Barraza Espinoza, Gabino Martínez Cabanillas, Ramiro Reyes García, Isidro Madriles Barraza, Alejandro Madriles Barraza y Filomeno Madriles Barraza.

De los 25, seis están muertos y uno arrestado. 18 están prófugos de la justicia. El caso aún está bajo investigación en la Procuraduría General de Justicia del Estado.

Hoy. San Jerónimo de Ajoya se encuentra habitado por  200 personas, aproximadamente. Antes de la masacre el número de moradores era de más de mil. Se dice que hubo un tiempo, tras el infortunio, que llegaron a morar a lo mucho 80, debido al temor de ser asesinados. 

Unos años más tarde, pobladores de la sierra de San Ignacio bajaron de poblados como  Guiyapan, El Rincón y Duranguito, entre otras comunidades que eran azotadas por el flagelo de las gavillas dedicadas al despojo y el asesinato.
 
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