Que me dejen en paz, entrevista completa a Caro Quintero

Son casi las ocho de la noche y el viento helado de enero se siente en la cara como una bofetada. La penumbra es interrumpida por la débil luz de un farol que ilumina tenue la casa de un piso que emerge en la cima de la montaña. El lugar no tiene nada de particular excepto la espectacular vista de las cordilleras de montañas de la Sierra Madre Occidental enclavada en el Triángulo Dorado, donde confluyen los estados de Durango, Chihuahua y Sinaloa.
 
Aquí, desde hace décadas, se siembran y cosechan miles de toneladas de mariguana y amapola que procesada en heroína arriba a Estados Unidos, el mercado de consumidores de drogas más grande del planeta.

De pronto el pequeño farol se apaga. Ha llegado Rafael Caro Quintero, alias “El Príncipe”, por quien he viajado durante horas para hacerle una entrevista.

La DEA (Drug Enforcemet Administration), agencia antidrogas de Estados Unidos, lo acusa en su último informe “Evaluación Nacional de Amenaza de Drogas”, publicado en octubre pasado, de ser actualmente líder del Cartel de Sinaloa, junto con otro capo de nombre Ismael “El Mayo” Zambada. Esta organización criminal de tráfico de drogas es considerada por el gobierno americano como la más grande y poderosa del mundo. Sus negocios criminales se extienden en el continente Americano, Europa, Asia y África.

La penumbra es total y deja el paso a un cielo pleno de estrellas brillantes y una luna sarracena que se clava en el cielo como un puñal, una estampa propia para esta tierra cuyo negocio criminal produce tanta muerte en México. Del año 2007, cuando el presidente de México Felipe Calderón inició la llamada “guerra contra las drogas”, a diciembre de 2017 han sido masacradas un cuarto de millón de personas en México. Y de 2007 a enero de 2018 han desaparecido 34, 201 personas.

Hay tensión en el ambiente, y sus guardias -alcanzo a ver que son al menos cuatro- miran constantemente al cielo y me observan con recelo. Afirman que la zona está invadida de drones del gobierno de México y del gobierno de Estados Unidos para capturar a “El Príncipe”. Este hombre encabeza la lista de los más buscados de la DEA y el Departamento de Justicia del Gobierno de Estados Unidos ofrece una recompensa de cinco millones de dólares.

Los escoltas me llevan a una recámara de la casa e instalo el escaso equipo que pude llevar. Tras una larga espera entra Caro Quintero. Tres hombres permanecen afuera custodiando el lugar y uno se queda en la habitación.

A sus sesenta y cinco años de edad, “El Príncipe” conserva la altura de un metro ochenta y la figura esbelta y erguida como una lanza. Sobre la cabeza lleva una gorra azul con el logotipo de Adidas, por la que se asoma el pelo otrora blanco, ahora teñido de negro. Lleva una chamarra gruesa de color verde militar, una camisa gris de lana y pantalones de mezclilla azul índigo. La vestimenta impecable contrasta con sus zapatos llenos de tierra y sus ojos redondos y oscuros como ojivas llenos de nerviosismo. Está sudando.

Saluda en tono amable y desenfunda una pistola con la empuñadura plateada. La pone sobre un mueble ubicado al lado de la silla donde se sienta para iniciar la entrevista.

El viaje inició a las ocho de la mañana en una playa de Mazatlán, Sinaloa. Aunque en la mayor parte del mundo el invierno es helado, aquí desde temprano el calor produce un bochorno que baña todo el cuerpo.
Durante décadas este puerto ubicado en el Pacífico mexicano ha sido punto clave para el tráfico de droga, reuniones de negocio y placer de los integrantes del Cartel de Sinaloa; y ha sido escenario de encarnizadas batallas por el control de la organización.

Mi cita arriba puntual. Los dos hombres me recomiendan llevar una gorra y una chamarra para el frío. “¿Frío?”, me pregunté en silencio, “¡pero si aquí estamos a más de 20 grados centígrados!”. Me reservé el comentario, no era oportuno preguntar.

Como todos estos viajes, el destino siempre es incierto y el retorno aún más. Tuve que dejar todo: la bolsa de mano, el teléfono, la grabadora de audio. Solo pude llevar conmigo la cámara de video y el tripié con la luz para iluminar el set que ha sido previsto a una hora desconocida y un lugar desconocido, incluso para quienes me trasladaban. Llevé conmigo solo la licencia de conducir como única identificación personal en caso de emergencia.

Tras cinco horas de camino la primera escala fue un hotel. Me volvieron a preguntar si llevaba algún aparato telefónico o electrónico.

Solo la cámara y la luz-, respondí.

Quedaron satisfechos. Cambiamos de auto en al menos tres ocasiones. El trayecto se hizo interminable y la temperatura bajó poco a poco.

Tras otras cuatro horas de viaje, llegamos a un punto donde permanecimos un largo tiempo. Esperaban indicaciones sobre si podíamos continuar o no. Escuché que estaban inquietos porque había presencia del Ejército Mexicano en el lugar y analizaban si era posible continuar o abortar el plan. De eso hablaban cuando pasó ante nosotros un convoy de al menos tres camiones militares, con cerca de 10 elementos en total, enfundados en uniforme de camuflaje verde. No notaron nuestra presencia, o si la notaron no dieron ninguna muestra de ello. Sentí la garganta seca como un desierto y espinas dentro de ella.

La tarde avanzaba cuando tomaron la decisión de continuar. Volvimos a cambiar de vehículo y tomamos un camino de terracería. Una buena parte del trayecto fue en el fondo de barrancas sobre las piedras de riachuelos, entre baches y tumbos. Otros tramos subimos por colinas.

De pronto, el vehículo se detuvo en seco en medio de la nada, en un camino desierto. Apagaron el motor. Yo solo podía escuchar el batido intenso en el pecho como silbato de una locomotora.

Bajaron del auto y clavaron la vista en el cielo. Afirmaron que vieron un dron y apuntaron con el dedo hacia el cielo. Yo no vi nada pero ellos afirmaban que estaba ahí. Comentaron que desde hace meses hay operativos para capturar a Caro Quintero.

Los tres hombres más buscados por la DEA en el mundo son “El Príncipe”, “El Mayo”, y Nemesio Oceguera alias “El Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación.

Con veinticinco años de experiencia en el periodismo, los últimos trece me he focalizado en investigar las actividades del narcotráfico en México y he logrado entrevistar a integrantes de varias organizaciones criminales, a sus familiares y a algunos de sus cómplices dentro del gobierno. He recorrido el Triángulo Dorado intentando comprender como es que el hijo de un campesino que apenas sabe leer y escribir como Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada, “El Príncipe”, “El Mencho” y tantos otros se convirtieron en jefes de organizaciones criminales transnacionales que generan millones de dólares de ganancias en el mundo.

Esta es la segunda entrevista que realizo a Caro Quintero. La primera fue en 2016. Ahora lo busco para entender cómo vive el supuesto jefe del Cartel de Sinaloa, como afirma la DEA.

Ante la tensión que crecía yo también bajé del auto y sentí en la cara los últimos rayos de sol que desaparecían entre las montañas como un incendio en las colinas. Luego de varios minutos abordamos de nuevo el vehículo que constantemente se detuvo para verificar si nos seguían, si me seguían. Ninguno se atrevió a hablar abiertamente de ello pero pienso que en la mente de todos estaba el episodio del encuentro ocurrido en octubre de 2015 entre “El Chapo” con el actor americano Sean Penn y la actriz mexicana Kate del Castillo para concederles una entrevista. Familiares de “El Chapo” piensan que aquel encuentro derivó en su arresto ocurrido el 8 de enero de 2016 en Los Mochis, Sinaloa, a raíz de que el gobierno México interceptó las comunicaciones entre la actriz y Guzmán Loera.

“El Chapo”, considerado por el gobierno de EU como el narcotraficante más poderoso de todos los tiempos, en julio de 2015 logró fugarse por segunda ocasión de una prisión de máxima seguridad. Desde antes de su última fuga había establecido contacto con Del Castillo quien había logrado persuadirlo de un encuentro cuando Guzmán Loera era de nueva cuenta fugitivo de la justicia. Ahora Guzmán Loera se encuentra detenido en una prisión de máxima seguridad en Nueva York en un juicio del que se espera una sentencia de cadena perpetua.

La historia de “El Príncipe”

Rafael Caro Quintero, al igual que “El Chapo”, nació en Badiraguato, un pequeño pueblo ubicado en Sinaloa. Luego de presenciar el acribillamiento de su padre a los 14 años de edad comenzó a dedicarse a la siembra de droga bajo la protección del narcotraficante Ernesto Fonseca Carrillo. Su innovación en la siembra de mariguana lo llevó a producir cientos de toneladas, por su ingenio a los treinta y tres años se convirtió en uno de los líderes del Cartel de Guadalajara junto con Fonseca Carrillo y Miguel Angel Félix Gallardo.

En ese tiempo el Cartel de Guadalajara se alió con el Cartel de Medellín, dirigido por el capo colombiano Pablo Escobar. Con la ayuda del Cartel de Guadalajara Escobar pudo traficar cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos. Desde entonces México se convirtió en un lugar estratégico para el cruce del polvo blanco al país con el mayor número de consumidores del mundo.
Las operaciones del Cartel de Guadalajara eran protegidas por una extensa red de corrupción en todos los niveles de gobierno en México, y durante años su existencia paso prácticamente inadvertida. En esos años Ismael “El Mayo” Zambada y “El Chapo” iniciaban sus actividades criminales al servicio de esa organización.

La debacle del Cartel de Guadalajara inició el 7 de febrero de 1985 cuando ordenaron el secuestro del agente de la DEA adscrito a México Enrique Camarena y del piloto mexicano Alfredo Zavala.

Los dos fueron brutalmente torturados y asesinados. En noviembre de 1984 gracias al trabajo de inteligencia de Camarena fue desmantelado en el estado de Chihuahua el rancho El Búfalo donde el Cartel de Guadalajara producía cientos de toneladas de mariguana bajo la dirección de Caro Quintero. En ese operativo el cartel perdió mercancía valuada en ocho mil millones de dólares.

Por presiones del gobierno de Estados Unidos en abril de 1985 “El Príncipe” fue detenido en Costa Rica y extraditado a México. Tras 28 años de prisión, en agosto de 2013 fue liberado por órdenes de un tribunal que determinó que el juicio contra Caro Quintero había sido ilegal, lo que provocó el enojo del gobierno americano. Aunque en su declaración ministerial Caro Quintero confesó su participación en el crimen, ahora afirma que él no mató a Camarena. Dijo que escribirá un libro para contar la verdadera historia.

Tras pocos días en libertad la Procuraduría General de la República (PGR) del gobierno de México giró nuevas órdenes de arresto en su contra: una para extraditarlo a Estados Unidos por el asesinato de Camarena y otra para que pague 12 años más de prisión que, según la PGR, le quedan pendientes en México.

Como un gato montés

Conforme fuimos subiendo por la escarpada montaña el diálogo comenzó a abrirse. Afirmaron que por el acoso del gobierno de México y de Estados Unidos “El Principe” nunca duerme en el mismo lugar y siempre lo hace en el campo bajo una tienda de campaña o en un sleeping bag. Todas las noches se acomoda entre matorrales o bajo las ramas de algún árbol, escondido como un gato montés. De día recorre la montaña como un fantasma, siempre mirando al cielo.

La peor parte, dijeron, es durante la noche. “El Príncipe” padece un insomnio crónico y todo el tiempo cree escuchar el sonido de helicópteros o de drones que vienen a capturarlo. En las madrugadas la angustia lo hace despertar a quienes lo acompañan y les ordena moverse porque ya vienen a arrestarlo. Aunque le aseguren que no hay nada, que todo está bien, él insiste y tienen que obedecer. En ocasiones han caminado en medio de la noche al borde de acantilados y en más de una ocasión Caro Quintero se ha caído poniendo en peligro su vida y la vida de quienes lo acompañan.

“El Príncipe” esta crónicamente enfermo de la próstata y es urgente operarlo, pero él se niega porque después de la cirugía necesita estar en un lugar de reposo fijo por más de una semana inmóvil y piensa que estaría a merced de quien quiera capturarlo. Afirman que vive en la soledad absoluta y desde hace meses no ve a su esposa Diana Espinoza, a quien conoció en 2010 cuando estaba preso, ni a hijo Agustín de 5 años de edad, ni tampoco a sus cuatro hijos procreados con su primera esposa María Elizabeth Elenes.
Diana Espinoza, esposa de Rafael Caro Quintero en julio de 2016.

Pero no solo los drones, el problema con la próstata ni la soledad le quitan el sueño a Rafael Caro Quintero. También su primo Sajid Quintero alias “El Cadete”. En agosto de 2017 voluntariamente se entregó a la justicia de Estados Unidos que lo acusa de tráfico de drogas y lavado de dinero. Según el expediente criminal de Sajid, abierto en una corte Federal de California (expediente número 3:17-cr-02976), el 25 de enero se declaró culpable de los cargos, lo que significa que ya ha hizo un acuerdo con la fiscalía.
El único arreglo posible con el gobierno de Estados Unidos es entregar información que incrimine a otras personas. Y para el gobierno americano la captura de Caro Quintero es prioritaria.

Es en este contexto que “El Príncipe” aceptó dar la entrevista.

Sajid “miente” y la amnistía de AMLO

"Disculpe”, dice Caro Quintero tras dejar la pistola a un lado.

Durante más de media hora lo confronto con las acusaciones que hay en su contra.

“Yo no pertenezco a ningún Cartel. Como ya le dije en una ocasión yo no voy a volver al narcotráfico nunca”, afirma categórico. En su defensa asegura que no tiene dinero y toda su energía la consume en andar huyendo.

“Entonces usted, se lo pregunto de nuevo, ¿Usted es ahora uno de los líderes del Cartel del Pacífico, del Cartel de Sinaloa?”.

"¡Quien lo diga, miente!, miente y que me lo comprueben”, responde enojado, “y el gobierno de México sabe que lo que estoy declarando es la verdad”.

Sin embargo la información recopilada para hacer la entrevista parece indicar otra cosa. En el norte de México han aparecido manifiestos donde se afirma que él y “El Chapo” son los jefes del territorio. En las oficinas de inteligencia del gobierno de Estados Unidos y México le atribuyen el tráfico de cargamentos de cocaína, metanfetaminas y heroína a Estados Unidos.

“¡Quien lo diga miente!, Quien lo diga miente! Miente quien lo diga, no me interesa quien lo diga, ¡Miente!”, repite exaltado.

Reconoce que tras su liberación tuvo encuentros con “El Mayo” Zambada, “El Chapo” Guzmán antes de ser recapturado, y el hermano de este, Aureliano Guzmán Loera alias “El Guano”, pero sostiene que él ya no está en ese negocio.

“Nos conocimos desde hace muchos años, igual que al señor Zambada, mis respetos para ellos, hasta ahí. Yo no he hecho ningún negocio con ellos y hoy que salí no quiero saber nada de drogas”.

De nuevo contrasto lo que dice con el decomiso de cinco toneladas de cocaína incautadas en Puerto Peñasco, Sonora en 2015, que el gobierno afirmó que eran de él.

“Yo, que quede muy clarito licenciada, yo no soy narcotraficante, yo nunca he movido heroína, afetaminas ni las conozco, cocaína o he traido yo ni un gramo de Colombia como lo dice la DEA, lo que vendía era mariguana y la vendía en México hace 33 años, quien esté diciendo, le vuelvo a repetir, ¡miente!”.

“¿Por qué la DEA publicaría un informe así poniéndolo a usted? Está ahí su fotografía”, le pregunto mostrándole el documento de la agencia donde aparece su fotografía junto a la de “El Mayo” Zambada.

“Mire, yo no soy líder de ningún cartel…”, responde.

“Está aquí el informe donde lo acusan”, le replico.

“ Sí, sí, sí -dice mirando de reojo los papeles- o sea yo no he vuelto a las drogas, ni voy a volver nunca. Eso que están diciendo, ¡miente quien lo diga!¡Está mintiendo! Sajid o quien le esté diciendo a la DEA, ¡miente!”.

“¿Cuál puede ser la razón?”, le pregunto.

“¡Pues es que no entiendo esto!, no lo entiendo”.

“¿Piensa que la DEA ya se le acabaron los argumentos para acusarlo y ahora le quieren crear un nuevo delito para poder llevárselo a Estados Unidos?

“No tienen otra, ¿pues cual es la palabra correcta? No tienen otra , otro motivo.
“O sea piensa que le están inventando estos cargos para poder….

"No, ¡no pienso!”, interrumpe Caro Quintero molesto.

“…para poder llevárselo a Estados Unidos?”, termino la pregunta.

“¡No!, ¡no pienso! -revira- ¡Lo están inventando!. No pienso, ¡lo están inventando! Entonces, la verdad, ando molesto. Y si Sajid me está acusando, ¡miente Sajid! Y que soy uno de los líderes del Cartel de Sinaloa, ¡mienten también!”, dice enfático cerrando el puño. “¡Mienten!”.

“Hay información de que supuestamente usted está traficando cocaína de Colombia a Estados Unidos vía Guatemala, y que la atraviesa a Estados Unidos vía Sonora para llevarla a Chicago”, lo confronto de nuevo.

“Yo le pediría a la DEA que sean mas cuidadosos en sus investigaciones y al gobierno de México, también. Si me aclaran a mí, pero que sea cierto, que sea verdad, yo me entrego. 
“Pero no me voy a entregar de informante. Me voy a entregar como un hombre, como lo que soy, a dar la cara por algo que hice, pero nunca me voy a entregar porque no he hecho nada licenciada. Así de fácil.

“¿Por qué le preocupa que la gente le crea esto?”, le pregunto. “¿Usted varias veces desde que salió de la prisión ha dicho soy inocente, soy inocente, no me dedico al narcotráfico. ¿Por qué le interesa que la sociedad mexicana lo escuche, le crea? ¿Por qué Rafael?”.

"Mire, más bien lo que quiero es
s que me dejen en paz. Ya si la opinión pública me quiere creer pues que bueno, pero si no pues mis respetos, ellos sabrán ¿Me entiende? Pero yo quiero quedar bien conmigo, ¡conmigo! No con otra gente”. Se bien lo que quiero y sé bien para donde voy. Poco o mucho que me quede de vida quiero vivir en paz, pero que me dejen en paz, todos tenemos, yo creo que nos merecemos una segunda oportunidad”.

Hablando de oportunidades, le pregunté qué pensaba de la amnistía propuesta por el candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

“¿Piensa usted que los jefes de los cárteles de la droga aceptarían esto?, ¿piensa que esto frenaría la violencia aquí en México?.

¿Por qué no lo intentan?, Colombia lo hizo, otros países a lo mejor lo han hecho, no estoy enterado, Colombia sí, porque yo estaba preso y miraba la televisión, que mucha gente se entregó. ¿Por qué no lo intenta México? Digo, es mi manera de… no es que yo diga ‘háganlo’, ¿yo quién soy para dar órdenes? Nada, ahorita soy un fugitivo, desgraciadamente”.

Al salir de la casa, abordé el vehículo que me llevaría de regreso a Mazatlán, mientras “El Príncipe” se desvanecía ante mi vista, entre la oscuridad.

Tuve información de que Caro Quintero estuvo a punto de ser capturado a principios del mes de febrero. La búsqueda duró varias semanas.

El 20 de marzo el periódico Ríodoce publicó un reporte de los operativos de la Marina para capturarlo. Según citó el diario, uno de los miembros de la armada, que participaban en la búsqueda de Caro Quintero, dijo: “La orden es atraparlo vivo o muerto”.

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