La historia de Ana, VÍCTIMA DE TRATA

Se fue con un hombre de 34 años que meses antes conoció en un parque.

Ciudad de México.- En diciembre de 2016, Ana tenía 12 años; un año después, apareció en redes sociales con un arma en las manos. Su familia la busca, el domingo 10 de diciembre salió por una pizza y nunca regresó. Se fue con un hombre de 34 años que meses antes conoció en un parque.

La seducción y el enamoramiento son los principales métodos en el robo de menores y la trata de personas; aprovechan la situación familiar vulnerable, principalmente, de las niñas.
Ana vivía con el pasado de alcoholismo de su madre, ambos padres trabajando y un hermano alejado.

“Cuando lo empecé a conocer me daba regalos, luego me empezó a decir que mi mamá no me quería, que nadie me quería, por eso me dejaban sola”, comenta la adolescente.

Con él, Ana se sintió segura; le dijo que se llamaba Alejandro y que tenía 25 años, una identidad falsa. Y ella cambió.

“Me empezó a gritar, nos quiso pegar a mí, a su hermano y a su papá”, recuerda Eva, la mamá de Ana.

“Me pedía para sacar dinero, que vendiéramos cosas; saqué siete teléfonos y mi X-Box”, asegura la joven.
Tras ocho meses de relación y dos denuncias de sus padres, Ana se fue de su casa, siguiendo la promesa de salir adelante juntos.

“Me habló al trabajo y me dijo: ¿qué pasó pen**ja?, no que no querías que tu hija estuviera conmigo, ya te ch*ngaste, ya no la vas a volver a ver”, menciona la señora Eva.

El sueño de Ana se acabó pronto.

“Fue cambiando poco a poco, ya no me trataba igual, ya no me hablaba igual; se enojaba muy rápido, me tenía encerrada”, dice la adolescente. “Trabajábamos en mercados y, una vez, llegamos a robar”.

En hoteles y departamentos vivía rodeada de alcohol, drogas y sosteniendo relaciones sexuales.

En México, 12 millones de personas son víctimas de trata; 79 por ciento son utilizadas para explotación sexual, 18 por ciento para explotación laboral y 3 por ciento para extracción de órganos.

“Me quería regresar porque ya no me gustaba, la verdad ya no quería… Una vez me llegó a pegar porque le dije eso”, afirma Ana.
Sin apoyo de las autoridades, sus papás la buscaban.

“Ella agarraba mi teléfono, entonces su cuenta estaba ligada al mío; de repente, me llegaban notificaciones de que yo me estaba conectando en ciertos lugares”, declara la mamá. 

“Estuvimos yendo, tenía direcciones, tenía todo, pero no la encontrábamos”.

El 24 de enero sucedió lo inesperado, su presunto captor sufre una aparente sobredosis; Ana escapa y llega a su casa.
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