Marinos: "Bienvenidas al VIP de arraigo"; a mujeres NARCO de Los Zetas

En esta ocasión se relataran de viva voz los relatos de cuatro chicas que resultaron acusadas de pertenecer al Cartel de Los Zetas, de un instante a otro no se imaginaron a modo de cambiaría su vida y manifiestan haber sido cruelmente torturadas por la Marina y el Ejercito para aceptar muertes que afirman no cometieron.

Éste es 1 los declaraciones que hemos recopilado entre gente metida en el Narcotraficante que forman parte de "Los Traficantes Relatos" un proyecto que recopila las anécdotas que se muestran a diario sobre México son las señales que a desahuciado la pelea en oposición el narcotráfico y que damos testimonio aquí. Sobre esta ocasión lo acompañamos de nombres reales, los acontecimientos son especificos y lo he acompañado de mi definición de estos deplorables casos.

Cuatro hembras se encuentran a punto de ser torturadas. Una se encuentra c*giendo frenéticamente sobre un motel. La otra baila encima de la barra de un bar. La tercera duerme en bikini en la cama de un completo extraño, y la última se localiza colocando una toalla sanitaria en del baño de su hogar. 

A juzgar por su estado de ánimo no conservan ni put@ idea de que sus vidas estan apunto de transformarse. 

Y las van a condenar por pertenecer al cártel de la última letra: Los Zetas.

KRISZTINA KIRÁLY

Mientras estaba sentada en mi domicilio y viendo la television de mi recámara, siempre era Colombia el contexto en el cual corrían las balas y la sangre, pero no México, donde vine desde Hungría, buscando superar la crisis económica. Pero las cosas salieron de la chingada, terminé recluida sobre el Cereso Femenil de Mexicali acusada de pertenecer al cártel de Los Zetas.
Más que los fallecidos que he visto colgados encima de los puentes vehiculares a lo largo y ancho del país me sorprendió lo paradisiaco de las playas oaxaqueñas y encima de todo, la ordenanza que guardan los mexicanos para convertir sobre festejo cualquier trivialidad. De los narcóticos sé poco, por mera recreación he probado mariguana y cocaína. Las tachas y el éxtasis jamás, diez años después, de que salí de Europa Oriental, escasamente comenzaban a ser las invitadas indispensables de las fiestas.

Mis compañeras me dicen que me parezco a las gitanas que caminan encima de los centros comerciales de Mexicali, buscando a quién leerle la mano por 30 pesos. Me cuesta esfuerzo localizar acentos sobre las palabras. Mi “mama” era enfermera de nosocomio y mi “papa” oficial, allá en mi aldea natal de no más de  100 colonos, Taktaszada, junto a la frontera con Eslovaquia.

El motivo de mi captura es por delincuencia organizada, de acuerdo como dicen es por narcótico. Tengo aquí sobre Mexicali aproximadamente 2 años y medio.

Llegué a trabajar al Distrito Federal hace aproximadamente nueve años. Fui edecán, dama de compañía y bailarina exótica de fiestas. Sobre Hungría trabajaba en la empresa Nestlé, pero no me alcanzaba el efectivo.

 El esposo de una amiga de allá de Hungría, me dijo que me alcanzaría el dinero en México trabajando en un centro nocturno. 

Acepté, viajé y comencé a trabajar en Solid Gold; no es un table dance cualquiera, es un elegante centro recreativo, es más, teníamos que usar vestimenta adecuada y muchas veces sólo platicábamos, no fichábamos. Ahí se halla lleno de chicas checas y húngaras. Los clients logran cenarse un filete encima de un privado en tanto alguna chica le baila desnuda.

El día que me apresaron me habían contratado para impartir un show a una persona que cumplía años. Me contrataron de 12 de la madrugada a 12 del día, pero a las 4 me dio sueño, me fui a descansar un rato y les dije que si me ocupaban para algo que me levantaran. A las nueve de la mañana entró el Ejército rompiendo puertas y nos paralizaron a todos. Jamás me interrogaron nada, ni cómo me llamaba, ni de dónde era, ni qué estaba haciendo ahí, sólo me esposaron y me subieron a un autobús.
Fui torturada. 

Me pegaron con los puños sobre la nuca. Me pegaron encima de todo el cuerpo hasta que se aburrieron. Y me descargaron 200 voltios de electricidad sobre todo el cuerpo. Luego de horas de golpes e interrogatorio pedí agua. La contestación fue que me acostaron, me introdujeron un embudo de plástico encima de la boca, me vaciaron varios litros de agua de la llave y me pegaron con los puños sobre el estómago. Pensé que estallaría. No supe si me torturaron soldados o policias, porque siempre tuve tapados los ojos.

Tengo una niña de 2 años que vive con su padre, un arquitecto con el que viví 2 años. 

No tengo familia en México y ninguno me visita; a veces mi familia me manda dinero o mis amigos, pero no siempre. Es complejo. Algunas mujeres de mi pasillo me ayudan con cosas personales como papel de baño, jabón o quince pesos de tarjeta de teléfono para preguntar como está mi hija, eso porque las ayudo con la talacha o lavo su ropa. Es dificil estar  la cárcel en más si eres extranjero.

A mí me encanta la gastronomía, me gusta mucho la comida mexicana, el mole poblano, la sopa azteca, el picante. Aquí en la cárcel mi comida favorita son los chilaquiles. Jamás pensé extrañar tanto a mi casta y a mi hija, jamás pensé separarme de ella.

Me gusta mucho la música clásica, el sonido del piano y del violín. La única música que escucho aquí encima de la celda es la de la televisión. Permanecemos cambiando de canal sobre alguno que haya musica, ahí le dejamos y todas las compañeras bailamos y cantamos. Me gusta la música de mariachi. Sobre Hungría jamás la había escuchado. La banda sinaloense se parece en varios sonidos a la música de las bandas de Alemania y del bosque en donde vivía, me gusta.

Mi embajada supo que me arrestaron varios días despues. En el momento que me capturaron lo primero que tenían que hacer los soldados era comunicarse con mi embajada. Hasta que estuve arraigada en la PGR, en el Distrito Federal, me dejaron comunicarme con la embajada de mi país; ellos me dieron ropa interior y cosas personales que necesitaba. Mi caso lo estan llevando en Tamaulipas, a pesar me apresaron en Oaxaca y yo vivia en Mexicali. Mi abogado, que se localiza en Matamoros, piensa que este año salgo. No tienen de qué acusarme, yo nomás estaba realizando mi show, no conocía a las sujetos que dicen que eran de Los Zetas. Jamás miré estupefacientes, ni pistolas sobre la residencia adonde me contrataron. El hogar tenia alberca, pero no era muy lujosa.

Aquí en la cárcel hay muchas que el novio o el esposo las metió en este tipo de trabajos y ellas ni sabían. Muchas se declararon autores de homicidios que desconocían, pero porque las torturaron. Me acuerdo que en el momento que llegué a México y estaba el presidente Vicente Fox no había tanto caos. En el tiempo que entró Felipe Calderón todo se transformó violento.

Una vez estaba sobre La Costera de Acapulco y se soltó una refriega tan fea que  mis amigas empezaran a temblar y yo las tiré al piso y nos arrastramos por la acera, inmediatamente nos regresamos al DF.

Un día en la cárcel comienza con las arrastradas (ollas) para comer, llegan a las 6:30 am, a esa hora desayunamos y limpiamos las celdas. Todas las que somos llevadas de otros estados sólo podemos salir al patio los lunes una hora, todos los demás días nos encontramos encerradas las 24 horas. En mi celda éramos 18 sólo que hace 2 meses se llevaron a 6 a Nayarit. Todas las que permanecemos por ejecuciones federales podemos ser transportadas a otras cárceles de México; las que son de Mexicali son las que consiguen ir a clases, a la iglesia y salir al patio 2 horas a la semana.

Sobre la disciplina se halla prohibido el uso de maquillaje, pero hemos aprendido a maquillarnos con la tinta de las páginas de revistas que remojamos sobre agua, usando colores de madera, plumones y grenetina, eso es lo que podemos usar. 

Los labios los pintamos con grenetina de fresa. No es agradable estar aquí. Quisiera que mi padre leyera esto, pero no me acuerdo de su correo. Ojalá hubiera más deporte aquí, jamás nos movemos y ya me duelen los huesos.

Ella fue llevaba a las Islas Marías,.

JACQUELINE CERVANTES

Estoy acusada y asustada, pero ya no lloro, no le veo el caso. 

Estoy presa por delincuencia organizada y violación a la Ley Federal de Pistolas de Llamas y Explosivos, encima de las modalidades de portación armas de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea. No me han sentenciado, mi proceso sigue abierto. Me acusan de pertenecer a una célula de Los Zetas.
Me apodan Güera. Soy de Tula, Hidalgo. Jamás pensé que acabaría tan lejos de mi domicilio. Allá tenia un establecimiento. Vendía pollo asado, dulces, zapatos y lo que se me atravesara. Tengo 29 años. Llegué a Mexicali el 18 de julio de 2011.

Mientras me sacaron del Centro Nacional de Arraigos de la PGR y me ascendieron al avión de la Oficial Federal para traerme a la frontera, pensé que me iba a desmayar, jamás me había subido a 1, pero no pasó nada, siempre estuve despierta. Pero primeramente te voy a contar no del el tiempo que me fui si no de cuando llegué ahí. Me acuerdo que los integrantes de la marina nos dijeron: “Bienvenidos al VIP arraigo”, y se rieron.

La custodia era las 24 horas del día. Es como estar en un hotel, pero con rejas encima de las puertas. Dependiendo del asesinato es el color de la camiseta. A mí, que iba por delincuencia organizada, me tocó el color amarillo. A los que estan por lavado de dinero les toca el verde. Color rojo es por secuestro. Naranja por terrorismo. A los de trata de ciudadanos y venta de órganos les toca camiseta blanca. Y morado es por fraude bancario por la red y extorsión.

Hasta el cuarto día de arraigo pude comunicarme con mi hermana y informarle dónde estaba. El teléfono para comunicarme me lo ofrecieron desde el primer día, pero con tanto golpe y el estrés de la arresto, se me borró la memoria y no recordaba ningún número de mi familia. El único que recordaba era el de la residencia de mi mamá en que yo estaba viviendo, pero ella había fallecido hacía 2 meses y pues no había quién lo contestara.

Mi suelo era el cuarto y la habitación la 414. Aprendí a efectuar papiroflexia; varias de los compañeros saben hacerlo porque Zhenli Ye Gon, un empresario chino que ahí se mantuvo arraigado, les enseñó y dejó la tradición. Me dijeron que sobre el suelo en el cual pasé 80 días igualmente permaneció capturado el cantante Ramón Ayala y en el de la habitación de al costado, el convoy de música norteña Los Cadetes de Linares. Y alguna vez Daniel Arizmendi, El Mocharoejas.

¿Que cómo fue mi aprehensión? Ahí te va. 

Una semana luego de que Agentes Policiacos del estado de Hidalgo capturó a una célula zeta, 3 comandantes de plaza se pusieron de acuerdo para darles un escarmiento a los agentes y cocieron a balazos una agencia del ministerio público de Tula. 

Ejecutaron a un policía, a una secretaria y a un señor que iba pasando. 

Esto por capturar a un convoy de treinta zetas que eran comando armado, estacas y halcones. Les aseguraron una bazuca, varias AK-47 y R-15, granadas y 2 mil balas.

Esa tarde yo habia dejado a mis hijos con mi hermana por que me tenia que ir a un tianguis a trabajar en donde vendía ropa, pero  se me habían olvidado mis toallas sanitarias y mis cigarros me regresé a mi hogar. En tanto llegué miré que un carro color plomo estaba un fulano de lentes y bigote espeso, muy serio. A mi ya me andaba por entrar al baño, fuí y no había ocurrido ni un minuto en tanto escuché tocaban la puerta a modo de que quisieran derribarla.
No me apresuré a concluir lo que estaba haciendo, pensé: Que me esperen si tanto les urge. Salí del baño, me trasladaba a la sala para abrir la entrada en el momento que de repente la madera voló encima de pedazos, imaginé que la habían estallado con explosivos. Ligeramente y entendía lo que estaba sucediendo en el tiempo que ingresaron 2 tipos encapuchados apuntándome al rostro con unas metralletas. Les pregunté “¿Qué se les ofrece? ” y me agarraron de las greñas y me sacaron a la calle. Ahí empecé a entender que eran elementos de una dependencia policiaca porque había 30 civiles armados y 1 de ellos me dijo con voz intenso, a modo de militar: “Agáchate, hija de tu puta madre”.

Me cubrieron el rostro con una camiseta y me volvieron a meter a la domicilio. Me echaron a una silla y se sentó sobre mis piernas un oficial federal apuntándome con su pistola y en la nuca me apuntaba otro, no lograba ver pero escuchaba que cortaban cartucho y me pegaban con el cañón sobre la cabeza. 

Pensé  que me mataban y en mis 3 pequeños, todo revuelto. 

Recordé sus uniformes de la escuela, los anuncios de cereales de la televisión y el día donde 1 de ellos se rompió un brazo al caerse de un columpio. Pensé sobre mi madre que acababa de morir y del día que me alivié del más chico.

Empezaron a interrogarme, me decían que si cooperaba no me pasaría nada. Les dije mi identidad, mi ruta, mi oficio. Sólo pensaba adonde me iban a liquidar. 1 de ellos me dijo: “Mira, pinche güerita, no creas que por ser fémina te vamos a tener consideraciones”. Cómo cambian las cosas. Veinte minutos antes a yo estaba fumándome un cigarro, pensando sobre lo hermoso que era ser mamá y actualmente estaba golpeada, con los nervios a punto de estallar y encadenada con unos grilletes de pies y manos.

Siguieron haciéndome preguntas, pero ya no sabía qué responder. Escuché que dijeron: “Ahorita te vamos a ayudar a que recuerdes”. Me empezaron a golpear con el puño encima de la nuca y sobre la espalda, muchas veces, aparte, me agarraban las nalgas. Me sacaron de la residencia y me subieron a una furgoneta. Me preguntaban si portaba algún tipo de pistola. Se me hizo ridícula la pregunta, no trasladada ni bolsa, pero todo era para tocarme los senos con el pretexto de que buscaban una navaja.

La furgoneta se detuvo de repente, se escuchaba un eco e imaginé que habíamos llegado a las instalaciones de alguna dependencia. Me arrastraron a una especie de celda en que lo único que lograba ver eran zapatos y pies descalzos. A unos metros de adonde estaba se lograba escuchar que golpeaban a una persona que gritaba mucho. Me asusté y sólo se me se indicó sentarme en el piso y hacerme bolita, empezaron a patearme la cabeza diciéndome: “Párate bien, pendeja, aquí no es un hotel”.
Cada media hora me metían a un cuarto y me decian que cooperara. Siempre estuve tapada de la cara y con cadenas sobre el cuerpo. Jamás tuve a un abogado, jamás leí la confesión que me hicieron firmar. Nada lograba ser más humillante hasta que inició a bajarme el periodo. 5 días sin poder cambiarme de ropa, sin saber por qué estaba en los separos de una agencia Federal. 

El sexto día, junto con otras inocentes, me sacaron de la celda y nos subieron a un rino, esos que parecen tanques de guerra.

Parecíamos sardinas, todos apretados. Nos dijeron que nos llevarían a Veracruz, pero nos trasladaron a la ciudad de México, lo supe porque mientras se me movió la venda de los ojos pude ver pasar una mancha naranja, a modo de un tren, era el Metro.

2 meses posterior a de estar arraigada me otorgaron auto de formal prision. En el momento que llegué aquí al Cereso de Mexicali pesaba 87 kilogramos, actualmente peso 52. Me siento peor de lo que debe sentirse un pájaro enjaulado. Estoy encerrada en una celda con 20 compañeras todo el día. A veces peleamos por el maquillaje porque no hay, o los ánimos se calientan, a veces todas nos encontramos tan deprimidas que solamente lloramos.

Aquí algunas de las custodias son lesbianas. El día que llegué lo primero que me rogaron fue que me desnudara y que hiciera 50 sentadillas, jamás entendí el motivo. He aprendido a valorar todo encima de la vida, desde el pedazo de suelo en que duermo hasta un plato de frijoles o 2 tortillas. Espero salir libre algún día, soy inocente, mi delito es haber tenido un amigo que sí trabajaba a manera de halcón, pero yo no.

Vero fue sentenciada en el 2012, posteriormente de estar recluida aproximadamente 3 años. Su castigo definitivo fue de 25 años por ser cómplice de delito agravado en primer grado.

BERTHA TERESA

Sé que no estoy muerta porque engordé siete kilogramos actualmente que estoy recluida. 

Salí a bailar y beber whisky acompañada de mi novio y mi hermano, y terminé 3 horas despues en un avion que iba desde donde resido (Poza Rica, Veracruz) a Mexicali.

Los hechos:

Apenas iba comenzando una canción de cumbia y en menos de lo que canta un gallo, abrieron la entrada del bar y accesarón  veinte integrantes de la marina acorazados con metralletas y encapuchados. Después tras nos intimidaron con disparar si nos movíamos: “Marina Armada de México, tírense al suelo, hijos de su puta madre”, nos dijeron; posteriormente nos gritaron que nos pusiéramos de rodillas y que cerráramos los ojos. Ahí inició la madrugada más larga de mi vida, una madrugada que todavía no termina. Lo último que vi primeramente de que me subieran al microbús, me vendaran los ojos y me amarraran, es que éramos mas de 15 sujetos las apresados.
Luego de que nos sacaron del bar nos transportaron a las instalaciones de la Marina; jamás vi nada porque siempre estuve vendada de los ojos. Los integrantes de la marina me robaron mis joyas, amenazaban con violarme, me dieron descargas eléctricas encima de todo el cuerpo y me introdujeron en una celda del tamaño de una casa para perro en el cual me daban de comer en el suelo. Toda la madrugada escuché golpes y gritos que me llenaban de pánico. A cada rato me preguntaban mi identidad, mi ruta y a qué me dedicaba.

Pasaron las primeras 8 horas, comenzaba a amanecer mientras me sacaron de mi pequeña celda y me desvistieron; alcancé a escuchar a mi hermano que gritaba que no me hicieran nada. Me vistieron y me regresaron al hogar de perro. Sentí el calor del sol y supe que estaba amaneciendo, por lo tanto escuché que sobrevolaban unos helicópteros y muchas voces de personas que bajaban de ellos.

Me llevaron de comer, pero como me negué me lanzaron la comida al suelo. 2 días despues me sacaron arrastrando de mi celda y a empujones me subieron a un helicóptero que estaba lleno de gente, no veía nada.

Nos bajaron del helicóptero y llegamos a otro sitio que siempre he pensado que era un tipo de carcel. Todo lo que cuento lo digo desde la oscuridad. Jamás miré nada. Pensé que ya me soltarían, pero me transportaron a las oficinas de la PGR y me leyeron un parte informativo íntegramente falso. Me denunciaron de portar narcótico con fines de distribución, y de pertenecer a una banda delictiva.

3 días despues me permitieron hacer una llamada telefónica a mi domicilio. Me enteré que aprovechando los datos que di de mi casa a los de la Marina, ellos ingresaron a mi residencia, golpearon a mis padres, se robaron 2 televisiones, celulares, computadoras, la comida del refrigerador y hasta ejecutaron a mis pericos que eran mis mascotas. Por fortuna a mi hija de 3 meses de nacida no le hicieron nada.

De un día a otro perdí a mi hija, a mi madre, mi empleo. Estoy aquí sin justicia, presa, sin resolución de ninguno. Mis hechos es a manera del de muchas compañeras, permanecemos recluidas por amor, a pesar de que suene ridículo. Por un individuo terminamos presas. No sé si lo que se diga de mi novio sea verdad, pero poco me interesa a estas alturas. La única certeza que tengo es que a mi hermano y a mí nos arrebataron la vida. Es como estar muertos en vida.

Nadie me visita, mis padres sólo me hablan por teléfono o me manda dinero. A mi niña la dejé de ver en el momento cuando ella tenia 3 meses, la última vez que la vi fue la primera navidad que pasé aquí. Me la obtuvieron que quitar de los brazos en el tiempo que la visita se finalizó. Esta es mi historia narrada desde los patios del Cereso Femenil de Mexicali, el M15, a modo de le decimos a esta área. 

Constantemente pienso sobre un plato de mariscos y una cerveza bien helada. ¿Qué pensarían mis antepasados, los totonacos, al verme tan lejos de domicilio?
Me llamo Bertha Teresa. 

Tengo 25 años. Estoy muy lejos de mi casa, cada que lo pienso me dan ganas de vomitar por la inseguridad. Actualmente sé que fui apresada sobre unas movilizaciones en el cual capturaron a 80 elementos de Los Zetas, entre los cuales destacan mi novio. 

Los acusan de secuestro, asesinato, clonación de tarjetas bancarias y robo de vehículos. Mi abogado, que era el principal del despacho en donde trabajaba, dice que puedo quedar libre  de un segundo a otro ya que los cargos que se me imputan se han desvaneciendo, y de ser acusada de delincuencia organizada sólo me queda tenencia de narcótico. Soy inocente, simplemente estaba en el lugar equivocado. Han pasado  2 años y medio desde el 27 de agosto de 2011.

LAURA ISABEL

Me sentenciarán a 70 años de presidio por delincuencia organizada, secuestro y venta de narcóticos. Tengo 25 años años de edad. A mí y a mis compañeras se nos vincula con el cártel de la última letra, pero conmigo es diferente: Yo sí admito haber pertenecido a esa organizacion. Lo único que no admito son los asesinatos que me achacan. Si bien es cierto que era jefa de un conjunto de halcones, es decir, gerente de espiar a los soldados para posteriormente comunicarle cada 1 de sus movimientos a mis superiores, mi chamba hasta ahí llegaba, jamás secuestré ni maté a ninguno, sin embargo sí vi  muertos encajuelados de diversos automóviles. Tengo 2 años en este cárcel de Mexicali, y soy  del puerto de Veracruz.

Recuerdo de la última mañana con mi esposo y mis 2 hijas. 

Abro los ojos y en el buró, junto a mi cama, veo un recado que dice: “Mi amor, hoy es un día muy importante, gracias por compartir tu vida junto a la mía. Te tengo una sorpresa. Besitos”. -¿Cómo pude ser tan distraída? Había olvidado nuestro aniversario.

Por ser un día importante mi esposo y yo habíamos concluido romper la rutina y pasar un instante a solas en algún motel. Así lo hicimos, para no preocuparnos de que  en cualquier momento alguna de nuestras pequeñas  podria sorprendernos y vernos. 

Tal vez fue la peor desicion que tomé en mi vida. ¿Quién iba a pensar que estaba a punto de perder a mi familia y mi libertad?

Despues de estar dos horas en la habitación del motel escuché que abrieron la entrada eléctrica de la cochera del cuarto. Le pregunté a mi esposo si había pedido servicio a la habitación y me respondió que no, moviendo la cabeza. Nos quedamos sobre silencio y atentos, sabíamos que en cualquier momento tocarian la puerta.

De pronto vimos una luz blanca que se hacía más intensa, después tocaron más fuerte y dijeron: “Somos las fuerzas especiales de la Armada”. Nos miramos el 1 al otro encontrados, pensando: ¿De verdad dijeron eso?, ¿escuché mal? De nuevo tocaron con la cual rudeza, pero dijeron: “¡Si no abren la entrada la tiramos”. Me vestí a manera de pude, llena de pavor y corrí´ hasta la entrada para abrirla. Eran algunos militares de la Marina con metralletas, lámparas y el rostro cubierto con pasamontañas, esto era una pesadilla. “¿Pasa algo? ”, les pregunté. “No, sólo es una revisión de rutina, identifíquense, nada más vamos a revisar la habitación”.
Sólo alcancé a decir que estaba bien, que pasaran. En el tiempo que volteé a la derecha y vi que a mi esposo lo estaban golpeando, me asusté mucho y grité. Todo fue en vano, me vendaron los ojos y me ataron de las manos. Pensaba que posiblemente no eran integrantes de la marina por la manera en el cual me estaban tratando. A mi me golpearon sin descanso.

De repente me sacaron de la habitación y me subieron a un auto, pero a mi esposo no lo subieron conmigo. En tanto circulábamos, los integrantes de la marina me preguntaban si mi esposo y yo trabajábamos para el crimen organizado. 

Esa trayectoria fue el más incierto de mi vida. Llegamos a un sitio adonde yo pensaba ingenuamente que me dejarían, pero no, las cosas se pusieron más intensas; me golpearon cada vez más fuerte, me insultaron, ademas me torturaron psicológicamente. Me llené de terror. Trataron de asfixiarme con una bolsa de plástico, me desmayé algunas veces. 

Posteriormente me azotaron las nalgas con un barrote de una forma muy cobarde, tambien en mi hombro izquierdo, el dolor se hacía cada vez más fuerte. 

Dejaron de golpearme, y me dijeron que me despojara de toda mi ropa. Estando desnuda me ordenaron que entrara a la regadera y en tanto estaba toda mojada sentí la primera descarga eléctrica.

Se reían de mi dolor, me solicitaron que me vistiera luego de haberme dado toques eléctricos hasta que se hartaron. Y todo porque no decía lo que ellos querían escuchar. A las horas asistió una persona que decía: “Habla, marrana, o voy a ir por tus hijas y les cortaré dedo por dedo hasta que me digas todo lo que sabes”. Ahí sentí que el mundo se derrumbaba en mi espalda. 

Ya me habían hecho tanto daño no creí fueran capaces  de hacer tal atrocidad, aun así respondí: “Vaya a mi domicilio ahí se encuentran mi padres, revise todo lo que quiera y se va a dar cuenta que yo no soy lo que usted piensa”. Pero hicieron caso omiso, resultando mas constantes sus intimidaciones y groserías. 

A decir verdad, lo que ya me habían hecho no era nada comparado con lo que estaba por venir. 

Nuevamente me ordenaron que me despojara del pantalón, dentro de mí me decía: Ahora sí seré ultrajada. Jamás imaginé la crueldad que conservan las autoridades y lo sádicas que pueden ser. No les bastó con todo lo que me hicieron, en el momento que me había quitdo el pantalón me sujetaron con fuerza y me proporcionaron toques sobre el área del recto; resultaron tantas veces las que lo hicieron que perdí el entendimiento. Con toques eléctricos me desmayaban y con toques eléctricos me revivían.
Para concluir con broche de oro los integrantes de la marina me pasaban por la cara y la boca sus genitales, aparte de que me pegaban para que abriera la boca y se las chupara. Me tocaban el cuerpo de una forma tan horrible que me cuesta esfuerzo establecer lo que sentí. Así estuve en ese lugar 3 días, sin comer, desangrada, adolorida, con la angustia de no saber si estarían bien mis hijas; sin saber qué le había pasado a mi esposo y con terror de pensar que mi pobre madre estaría devastada por no saber de nosotros.

Presa del pánico y las circunstancias terminé aceptando todo. 

Actualmente ya son sólo recuerdos que día a día se ensombrecen. Han pasado 2 años desde que perdí a mi casa, no he vuelto a ver la carita de mis pequeñas desde aquel trágico día. Estoy pasando por un proceso interminable, acusada de delincuencia organizada y secuestro. De mi príncipe amor sólo sé que habita más cerca de nuestra residencia, prisionero en una cárcel de Coatzacoalcos, Veracruz. 

Mis pequeñas aguantan ansiosas que sus padres regresen pronto. Soy de Veracruz y me transportaron hasta Mexicali. Las posibilidades de recuperar mi libertad son pocas, pero tengo mucha esperanza. Aquí estoy viendo pasar el tiempo y anhelando tener a mis pequeñas entre mis brazos.

Las imágenes de este artículo pertenecen a la suceción Gris y blanco, de Karla Paulina Sánchez.

Retrata a presas del Cereso Femenil de Mexicali. Encima del proyecto, Sánchez se enfocó a trabajar con las mujeres que son mamás.
Desde junio de 2011, el gobierno mexicano empezó a transferir chicas acusadas de vínculos con el creimen organizado desde diversas zonas del país a la prision femenil de Mexicali, Baja California. El programa se comenzó bajo la justificación de mejoramiento de infrastructura de las cárceles a nivel nacional, y desató en el punto más álgido en casos de delincuencia organizada.

Estas mujeres fueron alejadas de sus familias y sus abogados, dificultando su acceso a un juicio equitativo. A tres años de esa entrevista muchas siguen presas en Mexicali, y muchas siguen declarando que son inocentes. Cada una de las chicas de este reportaje relata una lista de abusos y sucesos de tortura por parte de supuestos uniformados acorazados de la Marina o el Ejército. 

Estos relatos son inéditos y no pertenecen a ninguna recomendación ni queja presentada ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Desde 2006, en el tiempo declaró la guerra crimen organizado en México, las quejas levantadas ante la CNDH en contra la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) o la Secretaría de la Marina han acrecentado cada año. 
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