Guanajuato: Miedo de taxista tumbó banda de chilenos SECUESTRADORES de alto impacto

Guanajuato.- El miedo de un taxista llevó a la fortuita captura de un integrante de la banda de secuestradores más buscada del País.

Raúl Escobar, un ex guerrillero chileno, cuyo nombre falso en México era Ramón Alberto Guerra, encargó a un taxista de San Miguel de Allende entregar un paquete en un hotel.

El taxista recibió un billete de 500 pesos y se le hizo extraño que le dijeran que se quedara con el cambio para un viaje de menor cuantía.

Al arrancar con su encomienda advirtió que era perseguido por una camioneta blanca. Le invadió el miedo, debido a que en la localidad habían matado a cuatro taxistas en días anteriores, y marcó a la Policía estatal. Recibió la instrucción de estacionarse en una gasolinera donde llegaría una patrulla a auxiliarlo.

Temeroso llegó al expendio y ahí policías locales detuvieron a su persecutor quien resultó ser miembro de una banda internacional que en el Bajío ha perpetrado en la última década ocho secuestros de alto impacto, entre ellos el de Diego Fernández de Cevallos, el empresario Eduardo García Valseca y Mónica Jurado, ex nuera de Vicente Fox.

Ya que había sido detenido Escobar, el taxista abrió el paquete de la encomienda.

Encontró el dedo mutilado de una ciudadana estadounidense secuestrada hacía 79 días y 4 cartas, una escrita en francés, dos en inglés y otra fotografiada, todas dirigidas al esposo de la cautiva, con peticiones para el pago de rescate. La banda, al percatarse de la detención de su socio, dejó libre a la cautiva.

Autoridades federales estiman que en la banda de Escobar, participan al menos otros 7 integrantes, y aunque es una de las más peligrosas, afirman que la Procuraduría de Guanajuato ha obstaculizado la colaboración.


El 30 de mayo pasado fue detenido Raúl Escobar Poblete "El Comandante Emilio", integrante del grupo armado chileno Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y acusado de asesinar en 1991 al Senador e ideólogo pinochetista Jaime Guzmán.

Investigadores del caso indicaron que la mayoría de las víctimas de la banda delictiva que lideraba Escobar Poblete tenía un hábito en común: frecuentar el Club de Golf Ventanas de San Miguel.

Desde el plagio de Eduardo García Valseca, el 13 de junio de 2007, hasta el último que cometieron de una ciudadana franco-estadounidense, las autoridades detectaron otros patrones que se repetían en la mayoría de los 8 secuestros de los que tuvieron reporte.

Uno de ellos es que no usaban teléfonos, todo el proceso de negociación era a través de anuncios de periódico o mensajes entregados directamente por correspondencia o por taxistas.

Sólo en el último de los secuestros hubo negociación telefónica y sólo en uno de los casos emplearon un correo electrónico.

La gente de Escobar Poblete nunca cobraba sus rescates en pesos, únicamente aceptaban dólares en billetes de 100. Hubo un solo plagio que cobraron en euros y pesos.

Aunque "El Comandante Emilio" adquirió el "know how" en la guerrilla -se informó que fue entrenado en Cuba-, sus secuestros en la zona del Bajío nada tenían que ver con causas políticas o ideológicas, aunque trató de desviar la atención con este aspecto.

Algunas víctimas han referido que durante su cautiverio escucharon música con temas revolucionarios y de grupos armados, aunque los investigadores consideran que lo anterior tenía el propósito de que la autoridad vincularan los secuestros con guerrillas locales.

A más de una víctima le dieron a leer "El hombre en busca de sentido", un libro de Víktor Emil Frankl que narra el drama del campo de concentración de Auschwitz.

Según los datos proporcionados, a los hombres secuestrados no les proporcionaban rastrillos y dejaban que les creciera la barba; en un principio también dejaban que se deshidrataran para tomarles fotos que luego enviaban a sus familiares como método de presión.

Antes de recibir sus alimentos, debían colocarse una especie de capucha en la cabeza para no visualizar al plagiario. El confinamiento era una especie de pileta de concreto.

Varios de los secuestros se cometieron entre abril y junio, y las liberaciones ocurrieron antes del 24 de diciembre. El cautiverio duraba en promedio entre 7 y 8 meses, aunque uno de ellos fue de un año con un mes.

Algunos de los secuestrados que pasaron la Navidad en cautiverio informaron a las autoridades que en la Nochebuena y Año Nuevo sus victimarios les ofrecieron de cenar bacalao a la vizcaína y comida española.

El secreto de Emilio y Marcela

Hace más de 10 años un hombre de origen chileno llegó a San Miguel de Allende para iniciar una nueva vida.

Se identificó como Ramón Aurelio Guerra Valencia, compró una casa y junto con su pareja a la que presentó como Patricia, comenzaron a involucrarse en la vida sanmiguelense y a convivir con empresarios, restauranteros, pintores, amantes del futbol, padres de familia y grupos que sanan el alma.

Quienes conocen a Ramón sabían que era de pocos amigos y que de sus negocios y trabajo no hablaba mucho. Era un buen vecino y un buen presidente de padres de familia en la escuela de su hija adolescente.

De un tiempo a la fecha se había vuelto más "espiritual", una forma de vida que aprendió de Patricia, su ex pareja y madre de sus 2 hijos, quien se volvió fiel seguidora de las enseñanzas y terapias de sanación y paz interna que promueve el francés René Mey.

Pero hace dos semanas todo cambió, y esa vida que ambos construyeron por más de una década en las tierras guanajuatenses desapareció cuando un boletín de la PGR informó de la detención "de un prófugo de Chile por el probable delito de atentado terrorista".

Se trataba de Ramón, quien en realidad es el chileno Raúl Escobar Poblete, "Comandante Emilio", a quien señalan como jefe de la guerrilla chilena y uno de los actores principales de la muerte del Senador Jaime Guzmán, líder de la Unión Demócrata Independiente (UDI), asesinado el 1 de abril de 1991.

Hoy Ramón está preso en una celda del Cereso Mil de Guanajuato, acusado de secuestro y con una solicitud de extradición a su país; su pareja, Patricia, es en realidad es Marcela Mardones, también ex integrante de la guerrilla chilena.

El pasado 30 de mayo, un hombre de gorra y lentes le pidió a un taxista llevar un paquete al restaurante Nirvana, un lugar exclusivo que se encuentra cerca de la comunidad de Atotonilco, a unos 20 minutos de la zona urbana. Por el viaje le pagaron 500 pesos.

Tanto la entrega como el pago excesivo levantaron la sospecha del taxista que en su camino observó que una camioneta Tacoma color blanco lo seguía. Llamó a Emergencias y acordaron verse en la gasolinera de la Calzada La Estación para investigar.

Cuando los elementos de la Policía Municipal llegaron, observaron que la camioneta salió del lugar y lo siguieron. Al darle alcance le pidieron al conductor que les permitiera realizar una revisión y verificar los datos de su vehículo.

Mientras tanto en la gasolinera, el taxista entregaba el paquete y el dinero que el hombre de la gorra le había proporcionado.

Dentro estaba un dedo y 3 cartas, 1 escrita en francés, 2 en inglés y una fotografía, todas dirigidas al esposo de Nancy, una mujer franco-estadounidense que había sido secuestrada el 27 de marzo en la colonia Guadalupe de San Miguel de Allende.

Ese mismo día quedó detenido Escobar Poblete, acusado de ser cómplice del secuestro de la mujer que al día siguiente fue liberada.

Al conocer la detención, Marcela dejó México. Pasó por Guatemala, Colombia, Uruguay y Argentina. El 10 de junio llegó a Chile, donde se entregó a las autoridades.

En una semana la vida que construyeron por más de una década se hizo trizas.
Van tras cómplices

El mismo día que Escobar fue detenido, sus presuntos cómplices se dieron a la fuga y liberaron, sin poder cobrar el rescate, a la ciudadana franco-estadounidense que habían secuestrado 79 días antes.

Conforme a fuentes allegadas al caso, las autoridades indagan por su relación con Escobar a su ex pareja sentimental Marcela Eugenia Mardones Rojas, quien fue detenida en Chile el día 9 del presente mes.

Otras personas también indagadas son una ciudadana española de 45 años de edad y una argentina de 54 años, quienes vivieron cada cual por su cuenta en inmuebles de la zona centro de la ciudad guanajuatense.

También vinculan con Escobar a un mexicano de 49 años de edad y otros dos individuos -uno de ellos de 55 años- cuyas nacionalidades se desconocen, aunque también residieron hasta hace dos semanas en San Miguel de Allende.

Autoridades estatales presumen que, junto con Escobar había un estadounidense que también era líder del grupo de plagiarios; no obstante, otra línea de investigación sugiere que se trata de un joven italo-mexicano.
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