Tribu impedirà muro de Tump, con su vida si es necesario

Tribu se resiste a construcción de muro fronterizo
Verlon M. Jose, vicepresidente de la Nación de Tohono O'odham, una tribu local, escuchó entonces las voces de personas de las que nunca había oído hablar y de las que sí conocía.

Todos ellos, indignados, se ofrecieron a bloquear con sus propios cuerpos cualquier intento de valla o muro que termine en la separación del lado norte y del lado sur de la tribu.

La reserva de los Tohono O'odham se extienda a lo largo de 99.7 kilómetros de la frontera. Allí viven 6 tribus, cuyas tierras abarcan ambos lados de la frontera.

"Si alguien entrara a su casa y construyera un muro en la sala de estar, dígame, ¿cómo se sentiría al respecto", dijo José al diario The New York Times.

Luego señaló el territorio bajo sus pies.

"Esta es nuestra casa", añadió.

El plan de Trump de erigir un muro de unos 3 mil kilómetros, desde el Océano Pacífico hasta el Golfo de México, tiene que superar varios obstáculos, como la furia de sus opositores y complicaciones financieras, logísticas y hasta físicos, como ríos y elevadas cadenas montañosas.

Y también está el territorio de Tohono O'odham, una tribu que ha salvado la escisión de sus tierras durante más de 150 años y que ve en el muro de Trump una amenaza.

El muro no sólo dividiría las tierras tradicionales de la tribu en Estados Unidos y México, según sus miembros, sino que amenazaría la conexión ancestral que tienen con el territorio, y que ya ha sido perturbada por pequeñas barreras, cámaras y agentes de la Patrulla Fronteriza, ahora parte del paisaje local.

"Nuestras raíces están aquí. Nuestras raíces también están del lado sur de esta frontera", contó al diario Richard Saunders, parado junto a una puerta fronteriza en San Miguel que él y su esposa atraviesan para visitar las tumbas de sus abuelos, 500 metros adentradas en el territorio mexicano.

Los Tohono O'odham -que se denominan "gente del desierto", han existido desde "tiempos inmemoriales", según José.

Ellos y sus ancestros fueron nómadas durante miles de años.

Tras la guerra mexicoestadounidense y luego de que en 1854 finalmente se delineara la frontera, la mayor parte de la tribu quedó en Arizona, y una parte más pequeña en el estado mexicano de Sonora.

La tribu tiene 34 mil miembros inscritos, según su presidente, Edwatd D. Manuel.

La mitad viven en la reserva en Arizona, 2 mil están en México, y el resto en lugares donde la perspectiva de tener un empleo era mejor.

Aquellos que se quedaron pueden trabajar para el gobierno tribal, en algunas escuelas o negocios locales.

La reserva ha sido a lo largo del tiempo un punto de cruce popular para los inmigrantes, y es uno de los corredores de droga más concurridos a lo largo de la frontera sur, en parte porque las autoridades han fortalecido la vigilancia en otros lugares.

Mientras que en San Luis, Arizona, al oeste, y en Nogales, Arizona, al este, hay una cerca de acero; la frontera en la reserva es más permeable, pues está custodiada únicamente por bolardos y barreras de Normandía de un par de metros.

La tribu ha accedido a que se restaure o modernice la cerca; cedió cinco acres para que la Patrulla Fronteriza construyera una base para sus agentes y para que tuviera un lugar dónde colocar temporalmente a los migrantes.

En general, ha colaborado con la Patrulla Fronteriza, y casi no pasa un día sin que un residente avise del paso de un contrabandista o de un inmigrante en peligro, de acuerdo con Sanders, un directivo de seguridad pública.

La tribu regularmente trata a los inmigrantes enfermos en su hospital y pagó en promedio 2 mil 500 dólares por las autopsias a los cuerpos de los inmigrantes hallados muertos en sus tierras, en su mayoría por deshidratación. El año pasado fueron 85.

El número de capturas en la reserva han disminuido. Mientras que en 2003 fueron unas 85 mil, el año pasado se contaron 14 mil.

Las barreras existentes, sin embargo, les han traído problemas.

Jacob Serapo, un ganadero, acostumbraba buscar agua para su familia y ganado en un pozo a menos de un kilómetro de su casa. Pero la barrera dejó el pozo del otro lado, en México, y ahora debe trasladarse 6 kilómetros unas cuantas veces por semanas para llegar a la fuente de agua más cercana.

"No hay una palabra en O'odham para referirse a un muro", contó Serapo. Tampoco existe una traducción en su lengua para "ciudadanía".

Las barreras o cercas existentes cuentan con tres puertas que se abren regularmente para reuniones familiares y ceremonias como la Vikita, celebrada cada verano para marcar el año nuevo tribal, y las peregrinaciones religiosas a México.

Aquellos que viven en el lado mexicano cuentan con tarjetas que les autorizan visitar el lado estadounidense de la tribu, pero no pueden quedarse ni trabajar de ese lado, ni ir más allá de la reserva.

La Patrulla Fronteriza cuenta con puestos de control en cada una de las carreteras que conectan con la reserva, de manera que si un miembro del lado mexicano de la reserva va más allá de ella pueda ser detenido y deportado.

Debido a los derechos tribales, la construcción de un muro a través de las tierras de la reserva muy probablemente requerirá de la intervención del Congreso, de acuerdo con Monte Mills, codirector de la Clínica Margery Hunter Brown para leyes nativas de la Universidad de Montana.

Pero el Tribunal Supremo ha sostenido que, de tener que decidir sobre el caso, debe hacerlo considerando detalladamente los intereses de las tribus, de acuerdo con Mills.

La semana pasada, según el Times, tanto Manuel como José se reunieron con funcionarios de Seguridad Nacional en Washington para solicitarles un sitio en la mesa de negociación.

Preguntado sobre qué harán respecto a las preocupaciones de la tribu, Gillian Christensen, vocero de Seguridad Nacional, dijo que la agencia trabaja para implementar los lineamientos en la orden ejecutiva de Trump.

Si Trump decide construir el muro sin la aprobación del Congreso, el proyecto sería más vulnerable a acciones legales.

Sin embargo, muchos nativos vieron la decisión del Presidente de reanudar los trabajos para la construcción del oleoducto de Dakota del Norte, Dakota Access -al que se oponen los habitantes de la reserva indígena de Standing Rock- como una señal de que la nueva Administración es menos responsiva sobre su soberanía.
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